¿Y SI JORGE MACRITERMINA SIENDO VICEPRESIDENTE DE LA NACIÓN?

Dice que quiere reelegir en la Ciudad. Pero él mismo viene construyendo otra narrativa: juntos ganamos, separados perdemos. Si esa lógica se impone en la mesa de 2027, la pregunta que sigue es inevitable. Esta es una lectura, no un hecho. Pero los indicios empiezan a acumularse.

Jorge Macri lleva meses repitiendo la misma frase. La dijo en Radio La Red, en La Cornisa con Majul, en cada entrevista que le pusieron delante: “Nos fue muy bien en octubre cuando estuvimos juntos. No nos fue bien cuando fuimos separados. El tiempo dirá.” Parece una declaración de alianza electoral. Vista de otro ángulo, es una declaración de disponibilidad para negociar. Y en la política argentina, quien se ofrece como socio tiene algo que pedir a cambio.

La pregunta que empieza a circular —todavía en voz baja, todavía sin nombres en los titulares— es más concreta: si LLA y PRO van juntos en 2027, ¿qué forma toma ese acuerdo? ¿Una alianza donde cada uno mantiene su candidato? ¿Una lista de unidad? ¿O una fórmula conjunta con Milei arriba y un nombre del PRO abajo? Y si es eso último, ¿quién del PRO?

Esta nota no responde esa pregunta. La plantea. Porque los indicios están, la lógica tiene peso y la hipótesis merece ser leída en voz alta.

En octubre de 2025, PRO y LLA fueron juntos a las legislativas nacionales y cosecharon el 50% de los votos en la Ciudad. Antes, en mayo, cuando compitieron separados, LLA dejó al PRO en tercer lugar. Lospennato quedó con el 15,9%. La derrota fue tan clara que en Uspallata la llamaron “la cachetada que nos comimos a tiempo”.

Ese contraste es el argumento central que Jorge Macri viene construyendo. No es solo un análisis electoral. Es una propuesta política implícita: nos necesitan, y nosotros también los necesitamos, así que lleguemos a un acuerdo de fondo. La alianza electoral ya probó que funciona. La pregunta es si en 2027 ese acuerdo escala a algo más estructural.

“Queremos que al Gobierno le vaya bien” es la forma más elegante de decir: somos socios, no rivales. Y los socios, en una fórmula presidencial, tienen un lugar concreto en la boleta.

En 2027, La Libertad Avanza va a necesitar algo que hoy no tiene en cantidad suficiente: estructura territorial, acuerdos legislativos sostenidos y señales de estabilidad institucional. El discurso de la motosierra alcanzó para ganar. Para gobernar un segundo mandato, puede no alcanzar solo.

En ese escenario, el PRO puede ofrecer algo concreto. Administración. Vínculo con el mundo empresario. Llegada a los gobernadores Frigerio y Torres, a los intendentes del sello amarillo, al círculo rojo que apoya el cambio pero necesita ver a alguien de su mundo en la fórmula. Paolo Rocca ya se reunió con Mauricio Macri y le pidió que el PRO participe en las elecciones de 2027. Esa señal viene de donde viene.

Si Milei entiende que necesita ampliar para gobernar, y si el PRO acepta un rol claro de socio institucional, la fórmula conjunta tiene lógica de fondo. Milei pone el fuego. Jorge pone el matafuegos. No sería una fórmula emocional. Sería una fórmula de compensación.

Hoy la Ciudad de Buenos Aires se complicó. Bullrich caminó Lugano esta mañana en modo candidata, sin pedirle permiso a Karina. Larreta confirmó que va por la Jefatura de Gobierno dentro de un frente amplio que negocia con radicales, peronistas y el espacio de Kicillof. El escándalo Adorni destruyó el candidato “número puesto” de LLA y dejó la disputa porteña más abierta que en años.

Si Bullrich termina siendo la carta de LLA para CABA, Jorge enfrenta un escenario de interna costosa o de derrota posible. En ese caso, la vicepresidencia nacional sería una salida hacia arriba que no parece retirada. Lo saca de una pelea difícil, lo proyecta al centro del escenario nacional y mantiene al PRO en la mesa grande. No estaría huyendo de la Ciudad. Estaría subiendo a la Nación.

Bullrich tiene voto propio en CABA, discurso de orden y musculatura política. Puede ganar la Ciudad. Pero hay una diferencia enorme entre usarla para ganar un distrito y darle la vicepresidencia nacional. La vice no es solo una foto en la boleta. Es el Senado. Es agenda legislativa. Es poder institucional. Y Milei ya vivió lo que significa convivir con una vice con volumen propio.

Por eso el esquema que tiene más lógica, si esta hipótesis se confirma, es el inverso: Bullrich ordena CABA con el sello libertario. Jorge acompaña a Milei en la fórmula nacional. Patricia da lo que tiene en el distrito. Jorge da lo que tiene en términos institucionales. Nadie pierde la cara. Todos ganan algo.

La hipótesis tiene una sola pared de cemento: Karina Milei. La secretaria general de la Presidencia no construye alianzas horizontales. Lo que pasó hoy con Bullrich en Lugano —moviéndose sola, con la distancia física como señal política— es la mejor demostración de que Karina no abre puertas fácilmente a quienes no controla del todo.

Para que Jorge Macri entre en una fórmula nacional, tendría que aceptar un rol muy preciso: garantía institucional, no poder paralelo. Ese Jorge, Karina lo podría aceptar. Al Macri que negocia su propio espacio desde adentro de la vicepresidencia, no. La diferencia entre los dos es lo que define si esta hipótesis tiene futuro o se queda en análisis de café.

En el fondo de todo esto, como siempre, está Mauricio Macri. Recorre el país, reactiva el sello, reúne gobernadores. En Parque Norte, Jorge abrió el acto diciendo “estamos vivos, existimos”. No es el discurso de un espacio en retirada. Es el de un espacio posicionándose para negociar.

El entorno de Mauricio no lo ve como candidato presidencial en 2027. “Falta un año, y un año en la Argentina es mucho”, dijo un hombre cercano. Pero si Mauricio no va, alguien del PRO tiene que hablar en clave nacional. Y Jorge Macri es el más posicionado, el más institucional y el más dispuesto a acordar de todos los que tiene el partido.

Puede ser que Jorge realmente quiera reelegir en la Ciudad. Puede ser que el Modo Buda sea sincero y no estratégico. Pero en la política argentina, las dos cosas suelen ser lo mismo. Y lo que dice con el cuerpo —”juntos ganamos, queremos que al Gobierno le vaya bien”— es la narrativa de alguien que ya se corrió del lugar del rival para ocupar el lugar del socio.

La vicepresidencia nacional no es un hecho. Es una lectura. Pero es la lectura que más lógica tiene cuando se miran todos los movimientos juntos.

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