No se puede vivir sin política

Mientras el Gobierno sostiene el relato, por abajo ya se arma otra cosa: acuerdos, operadores y una economía que empieza a depender de eso.


La advertencia ya no es teórica: sin política, esto no cierra. El programa económico avanzó rápido, pero llegó a un punto donde necesita acuerdos para sostenerse. No para cambiar el rumbo, sino para que funcione. Y ahí empieza a aparecer una dinámica silenciosa, que no se comunica pero ya está en marcha.

Diego Santilli no opina ni se expone, pero operativiza. Es el que teje, habla y acerca posiciones. No firma, pero destraba. En paralelo, Manuel Adorni quedó momentáneamente corrido del centro. Ese espacio lo ocupa con más sutileza Ignacio Devitt, que se dedica a tender puentes con amarillos y el privado.

Del lado económico, Luis Caputo necesita que esto avance. No es ideología: es supervivencia del plan. Sin acuerdos, no hay coordinación, y sin coordinación no hay arranque económico sostenible.

Arriba, el esquema sigue cerrado. Karina Milei mantiene el control del armado, apoyada en su núcleo más leal. Ahí juega fuerte Sebastián Pareja, consolidando nuevos equipos territoriales y estructura propia, en paralelo a cualquier intento de apertura. Y los Menem acompañan ese equilibrio: no bloquean negociar, pero tampoco van a avanzar en algo que contradiga a Karina.

Así conviven dos planos. El visible, donde todo sigue siendo confrontación y pureza. Y el real, donde se negocia, se arma y se sostiene lo que ya no se puede sostener solo. En ese doble juego se define lo que viene. Porque, aunque no lo digan, ya lo están entendiendo: no se puede vivir sin política.

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