MASSA ENTRÓ POR LA PUERTA DE ATRÁS A LA PLATA

Se vio con Kicillof en la Gobernación, sin fotos y en reserva. Pero la reunión trascendió antes del amanecer. En política, cuando un encuentro "secreto" se filtra tan rápido, la filtración es parte del mensaje.


La escena es chica pero dice mucho. Sergio Massa entró anoche al despacho de Axel Kicillof en La Plata. Sin agenda oficial, sin comunicado conjunto, sin fotos para los diarios. Una reunión “en reserva” donde se habló, según pudo reconstruir La Rosca, de la situación nacional y, sobre todo, del peronismo. Traducción sin anestesia: de 2027 y de quién lo encabeza. Hasta ahí, el dato es de manual. Lo interesante empieza después, cuando los voceros de los dos protagonistas salieron a bajarle el precio al encuentro asegurando que se ven “casi todos los meses” y que no hay que leer entre líneas. Justo cuando piden que no se lea entre líneas es cuando conviene leer entre líneas.

Las reuniones realmente secretas no trascienden. Las que trascienden, trascienden porque alguien quiso que trasciendan. Y cuando los dos protagonistas mandan a “restarle trascendencia” a un encuentro que no debería haberse sabido, lo que están haciendo no es desmentir: están confirmando con la voz baja lo que el titular dice con la voz alta. Massa volvió. Pero todavía no quiere blanquear que volvió. El movimiento de anoche no es un episodio aislado, es el tercer capítulo de un regreso silencioso bastante leíble: primero la aparición en la marcha del 24 de marzo, mezclado con la multitud para que la foto se pueda negar; después el partido de fútbol del domingo pasado en la Quinta de San Vicente, con intendentes peronistas y dirigentes del Frente Renovador, “como quien no quiere la cosa”; y ahora La Plata, sin foto pero con el dato circulando antes de las primeras luces. La curva es clara: cada aparición es un poco más visible que la anterior y cada una se justifica con un tono más displicente. Es el manual del que vuelve sin asumir que volvió hasta que ya es tarde para discutirlo.

Lo que se habló nadie lo va a contar oficialmente, pero no hace falta mucha imaginación. Massa viene dejando trascender en charlas informales que descarta una candidatura a la gobernación bonaerense pero no descarta una revancha presidencial. Kicillof, mientras tanto, viene armando el Movimiento Derecho al Futuro con piezas en provincias y con un detalle que merece subrayado: en muchos distritos lo arman dirigentes que no llevan el sello formal del MdF, para no quemar relaciones con sectores que en el Congreso votan con La Libertad Avanza. Es decir, dos jugadores que dicen querer lo mismo —la unidad— pero que en el fondo están midiendo lo mismo —la candidatura—. Y entre ellos, Cristina, que desde su domicilio sigue marcando que cualquier definición pasa por San José 1111. La frase que mejor resume el clima la repetía la propia expresidenta cada vez que un dirigente le hablaba de 2027: “que caminen”. Massa caminó hasta La Plata. Kicillof lo recibió. Caminaron.

Hay un nombre más que conviene anotar en los márgenes de esta historia. En las mismas horas en las que Massa entraba por la puerta de atrás a la Gobernación, el empresario Jorge Brito —ex presidente de River— mantuvo su propio encuentro reservado, pero del otro lado del tablero: con la vicepresidenta Victoria Villarruel, que viene mostrando interés en jugar un rol propio en una eventual oferta electoral de derecha. ¿Por qué importa? Porque la familia Brito tiene un vínculo histórico con Massa. Y porque el mismo nombre empieza a sonar como posible figura para encabezar un armado nacional ampliado, ese que en la rosca se discute a media voz desde hace meses. Dos reuniones reservadas, en dos extremos del mapa político, con un puente humano en el medio. No es prueba de nada. Pero es exactamente el tipo de coincidencia que en política rara vez es coincidencia.

La pregunta de fondo, entonces, no es qué se dijo en La Plata. Es a quién le sirve que se sepa que se dijo algo. A Massa le sirve, porque lo reinstala como interlocutor sin obligarlo a poner el cuerpo frente a un micrófono. A Kicillof le sirve, porque muestra que tiene capacidad de articular con todos los pesos pesados del peronismo sin romper con ninguno y sin pedirle permiso a Cristina. A los intendentes bonaerenses que ya empezaron la pelea por la sucesión les sirve para saber dónde se van a parar las próximas semanas. Y a la propia Cristina le sirve para confirmar lo que ya sabe: que el tablero se mueve sin pedirle permiso, pero todavía con un ojo puesto en su reacción. Al único al que no le sirve que se sepa es al que dice que no le sirve que se sepa. Y por eso, justamente, se supo.

A veces una reunión sin fotos dice más que una conferencia de prensa. Sobre todo cuando la foto que falta es exactamente la foto que todos quieren ver.

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