
Hace no tanto, el peronismo parecía archivado en el estante de las derrotas útiles: servía para asustar, pero no para volver. Ahora, al menos en los números, vuelve a respirar. Un estudio nacional de Trends, citado por Clarín, lo ubica en 37% de intención de voto por espacio para 2027, apenas por encima de La Libertad Avanza, con 35%. Completan la foto otro espacio con 15%, Provincias Unidas con 4%, blanco/nulo con 2% y 7% de no sabe/no contesta. La encuesta fue hecha sobre 2.000 casos, entre el 29 y el 31 de marzo, con 2,2% de margen de error.
Lo que vuelve relevante esa placa no es solo el primer puesto peronista. Es el contraste. A fines de enero, la misma consultora había mostrado otro clima: LLA en 43% y el peronismo en 32%. En esa foto, Milei todavía corría con holgura; en esta, ya no. No alcanza para decretar un regreso triunfal, pero sí para registrar una señal política concreta: el oficialismo sigue competitivo, aunque dejó de parecer invulnerable.
Ahí está el corazón de la nota. El peronismo no aparece hoy, necesariamente, por mérito propio. Aparece también por los errores del Gobierno, por el desgaste natural de la gestión y por una oposición que, aun desordenada, conserva una capacidad que en la Argentina nunca conviene subestimar: la de volver cuando el de arriba se lastima solo. Y mientras Provincias Unidas sigue en 4%, la pelea grande vuelve a ordenarse alrededor de dos polos. El dato no cierra 2027. Pero abre algo igual de importante: la sensación de que el partido otra vez se juega.