
La interna libertaria dejĂł de ser un rumor de pasillo para convertirse en un movimiento concreto de poder. La salida de SebastiĂĄn Amerio de la SecretarĂa de Justicia no fue un simple recambio administrativo: fue una señal polĂtica. Y el mensaje fue claro: Karina Milei avanzĂł sobre el Ministerio de Justicia y dejĂł al sector que orbitaba alrededor de Santiago Caputo fuera de uno de los resortes mĂĄs sensibles del Estado.
Amerio, hasta ahora pieza clave del armado judicial del caputismo, se enterĂł de su salida en medio de una reuniĂłn del Consejo de la Magistratura. En polĂtica las formas tambiĂ©n hablan, y el episodio se leyĂł como una demostraciĂłn de fuerza del karinismo.
Justicia no es un ministerio mĂĄs. Es el lugar donde se cruzan designaciones, negociaciones con tribunales y la relaciĂłn cotidiana con el sistema judicial. En otras palabras, es una de las llaves del poder real. En los pasillos de la polĂtica suelen resumirlo de una manera bastante simple: de poco sirve manejar la SIDE si no tenĂ©s quien te juegue los partidos en tribunales.
Por eso la jugada de Karina tiene una lectura que va mĂĄs allĂĄ del cambio de nombres. Dentro del gobierno libertario empieza a consolidarse algo que ya muchos intuĂan: el famoso âtriĂĄngulo de hierroâ empieza a deformarse.
Donde antes habĂa tres vĂ©rtices de poder, ahora empieza a verse otra cosa: un tridente de dos puntas.
Una punta es polĂtica y territorial: Karina Milei, que controla el armado, la lapicera y cada vez mĂĄs ĂĄreas del gobierno.
La otra es estratĂ©gica y narrativa: el mundo de la comunicaciĂłn y la ingenierĂa electoral que sigue orbitando alrededor de Caputo.
Pero cuando se trata de los resortes del Estado âministerios, estructura y poder realâ la balanza empieza a inclinarse hacia un solo lado del tridente.
Espera la foto
En polĂtica el poder no se discute: se ejerce. Y esta semana quedĂł claro quiĂ©n moviĂł la pieza.