
Traducción política: la bala judicial se desactivó antes de impactar.
La denuncia había escalado en plena tensión parlamentaria. Manes habló de aprietes y clima enrarecido. El expediente avanzó, hizo ruido mediático y ahora la Justicia dijo que no hay delito que sostener. Caputo, uno de los operadores más influyentes del esquema libertario, queda formalmente limpio. Dato.
En la mesa chica del poder esto se lee como algo más que un fallo técnico. Es una señal. Caputo no es funcionario electo, pero su peso específico en la arquitectura política del Gobierno es real. Y cada movimiento suyo genera anticuerpos. El sobreseimiento descomprime, pero no borra la tensión con sectores de la oposición que ven en él el cerebro estratégico del oficialismo.

La política argentina tiene memoria corta, pero archivo largo. Hoy Caputo respira. Mañana, la rosca sigue.
En la Argentina de 2026, nadie gana del todo: solo sobrevive al siguiente round.
¿Vos cómo la ves? ¿Se cierra un capítulo o recién empieza otro?