El mapa de Latinoamérica se achicó de golpe: hoy no manda la ideología, manda el miedo a ser el próximo. Y Venezuela quedó como cartel luminoso en la autopista.

EE.UU. ejecutó un operativo y capturó a Nicolás Maduro; Trump lo celebró, dijo que EE.UU. supervisará Venezuela “hasta una transición segura” y metió presión por acceso e infraestructura estratégica.  

Se abrió un quilombo diplomático: ONU/Consejo de Seguridad en agenda y debate fuerte por legalidad y precedente.  

Trump está ensayando “doctrina hemisférica”: migración, narco y China como excusa para marcar cancha. El País lo lee como nueva época de intervenciones.  

Y ojo: desde la Casa Blanca dejaron trascender/amenazaron con que podrían mirar a otros países (en la cobertura aparecen México, Colombia y Cuba), y ya hay respuestas airadas como la de Petro.  

En paralelo, el capítulo Panamá venía calentando el clima: amenaza, crisis y “esto también es patio trasero”.  

La región no está votando “derecha”; está votando “no me conviertas en Venezuela”.

¿Quién se acomoda primero: los gobiernos… o las oposiciones?

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