
Por Fernando López Duhour
No hace falta ser un experto en inteligencia para entender lo básico: si un agente es encubierto, justamente no puede salir en una foto. Y menos en una que se publica.
Pero acá estamos, frente a la imagen de una “reunión de agentes encubiertos” donde la ministra Alejandra Monteoliva aparece junto a un grupo de personas. ¿El problema? Que la foto existe, se difunde y nadie parece haber puesto un freno.
Uno esperaría que organismos dedicados a tareas de inteligencia manejen un mínimo de operatoria discreta. Pero esta filtración –porque llamarlo error sería generoso– demuestra lo contrario.
No es un detalle menor. Exponer rostros, contextos o simplemente la existencia de un encuentro de estas características es un acto de torpeza mayúscula. Y sin embargo, la imagen circula en redes con total liviandad.
La cuenta @laplumaok la difundió. La ministra la protagoniza. Y los comentarios, predecibles, llenos de sarcasmo y bronca.
Uno podría preguntarse: si esta es la capacidad operativa que mostramos, ¿qué nivel de eficiencia podemos esperar para tareas realmente sensibles?
La respuesta, por lo visto, es ninguno. Esto no es inteligencia. Es desinteligencia. Y está a la vista de todos, con prueba fotográfica incluida.
Fuente:
https://www.instagram.com/reel/DZGFDmhPsuo/?igsh=dWJ0MzM5aWVqMXVh