QUÉ ES FARMEAR AURA Y POR QUÉ LOS POLÍTICOS ARGENTINOS LLEVAN AÑOS HACIÉNDOLO

El meme viral que la rosca practica hace años sin ponerle nombre

18 de agosto de 2026

Hay una palabra nueva circulando en TikTok, X e Instagram y ya se metió en las conversaciones de sobremesa: farmear aura. La usan los pibes para describir algo muy simple —construir carisma a fuerza de gestos calculados— pero el concepto no es nuevo para nadie que mire de cerca la política argentina. Ahí, la práctica tiene otro nombre: prensa, imagen, construcción de figura. La diferencia es que ahora hay un marcador imaginario que le pone puntaje a cada movida.

El diccionario del momento

“Farmear” viene del inglés to farm, un término tomado de los videojuegos de rol: repetir una tarea una y otra vez para acumular recursos o experiencia. “Aura”, en este contexto, no tiene nada de místico: es la energía, el estilo o la seguridad que una persona proyecta ante los demás. Sumar aura es hacer algo que genera admiración —una respuesta filosa, una entrada con clase, una foto bien timeada—. Perderla es protagonizar el papelón opuesto.

La tendencia explotó esta semana en Argentina, con batallas callejeras entre chicos que compiten a ver quién “tiene más aura” y hasta torneos organizados en plazas. Pero el mecanismo detrás —acumular percepción positiva a través de gestos repetidos y estudiados— es, ni más ni menos, la lógica de cualquier estratega de comunicación política.

La rosca también farmea

Pensemos en los últimos meses de la política nacional. Cuando Katopodis recorre el país insistiendo en que su vocación es acompañar a Kicillof y no la propia, mientras acumula fotos con intendentes y referentes territoriales, está farmeando aura de “militante de la gestión” sin decir en voz alta que juega una carrera propia. Cuando Daniel Hadad abre una gira de medios, cuestiona al entorno de Milei y anuncia que vuelve a instalarse en el país sin confirmar absolutamente nada, aplica el mismo librito: sumar puntos de relevancia pública sin asumir el costo de blanquear una candidatura.

Mauricio Macri hace lo propio cuando deja correr el trascendido de que se reserva a Guillermo Dietrich como ficha para la Ciudad sin confirmarlo ni desmentirlo: cada silencio bien administrado también farmea aura, porque mantiene expectativa sin gastar capital político. Y Daniel Scioli, que este año se probó varios trajes de poder sin quedarse con ninguno, entendió como pocos que estar en la conversación —aunque sea sin cargo confirmado— ya es una forma de acumular puntaje.

Por qué importa más allá del meme

Lo que la Generación Z bautizó con humor, la política lo viene practicando con estrategia: cada aparición pública, cada gesto medido, cada silencio calculado suma o resta en un marcador invisible que después se traduce en encuestas, en apoyos, en lugares en una lista. La diferencia entre un chico farmeando aura en una plaza y un dirigente farmeándola en una gira de medios es solo de escala. La lógica —hacer que los demás perciban más de lo que se confirma— es exactamente la misma.

Quizás por eso la palabra pegó tan rápido entre generaciones que hasta hace poco no se cruzaban en el vocabulario: todos, de una forma u otra, venimos farmeando aura hace rato. Los pibes lo hicieron consciente y le pusieron nombre.

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