El indicador aumentó 4,1 puntos porcentuales frente a la segunda mitad de 2025. Los ingresos familiares crecieron menos que las canastas básicas y la indigencia llegó al 7,5%. En los aglomerados urbanos relevados por el INDEC, 9,7 millones de personas vivían en hogares pobres.
La pobreza volvió a subir en el primer semestre de 2026. Alcanzó al 32,3% de las personas en los 31 aglomerados urbanos que releva el INDEC, después de ubicarse en el 28,2% durante la segunda mitad de 2025. El aumento interrumpió tres semestres consecutivos de descenso y estuvo acompañado por una suba de la indigencia, que pasó del 6,3% al 7,5%.
En ese universo, el organismo estimó 9.729.000 personas en situación de pobreza, de las cuales 2.249.000 eran indigentes: vivían en hogares cuyos ingresos no alcanzaban para cubrir la canasta básica alimentaria. La indigencia está comprendida dentro de la pobreza, por lo que ambos porcentajes no deben sumarse.
La diferencia entre la evolución de los ingresos y el costo de las canastas explica el deterioro del indicador. Frente al semestre anterior, el ingreso per cápita familiar promedio aumentó un 11,5%. Las canastas básicas totales regionales subieron, en promedio, un 19,6%, mientras que las alimentarias aumentaron un 21,4%. Los ingresos crecieron en pesos, pero perdieron capacidad para cubrir esos gastos.
Entre los hogares pobres, el ingreso familiar promedio fue de $922.755, frente a una canasta básica total promedio de $1.440.395. La diferencia alcanzó los $517.640: les faltaba, en promedio, el 35,9% del valor de esa canasta para llegar a la línea de pobreza.
Estos montos describen la situación del conjunto de hogares pobres y no constituyen un umbral uniforme para cualquier familia. La línea de pobreza se calcula según la composición del hogar y la canasta correspondiente.
El nuevo resultado marca un cambio respecto de la trayectoria reciente. Después del 52,9% registrado en el primer semestre de 2024, la pobreza había descendido al 38,1% en la segunda mitad de ese año, al 31,6% durante el primer semestre de 2025 y al 28,2% en el segundo. La suba al 32,3% interrumpe esa secuencia, aunque el indicador permanece por debajo de los niveles de 2024.
La comparación interanual ofrece otra lectura. Frente al primer semestre de 2025, la diferencia es de 0,7 puntos porcentuales. El INDEC señala que no observa cambios estadísticamente significativos respecto de ese período. Esto significa que la encuesta no permite afirmar una variación con suficiente certeza estadística; no demuestra que la situación haya sido idéntica.
La mayor incidencia de la pobreza se registró entre los menores de 15 años, con un 44,5%. En el grupo de 15 a 29 años alcanzó al 36,9%; entre los adultos de 30 a 64, al 28,8%; y entre las personas de 65 años o más, al 14,8%.
El promedio también reúne situaciones territoriales distintas. El Noreste presentó la mayor tasa regional, con un 41,5%, seguido por Cuyo, con un 36,7%. En Gran Buenos Aires fue del 32,1%; en el Noroeste, del 31,5%; en la región Pampeana, del 30,3%; y en la Patagonia, del 28,4%. Estos porcentajes corresponden a los aglomerados urbanos relevados en cada región.
El informe, publicado el 24 de septiembre, corresponde al período enero–junio y presenta resultados provisorios. La encuesta comprende un universo de aproximadamente 30,1 millones de personas en 31 aglomerados urbanos. Sus resultados no equivalen a un recuento de toda la población argentina: extenderlos al conjunto del país requiere una extrapolación.
El semestre cerró con una mayor proporción de personas en hogares que no lograban cubrir las canastas básicas. Tras tres bajas consecutivas, los ingresos familiares aumentaron por debajo de los umbrales utilizados para medir la pobreza y la indigencia.
Fuente: Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), Incidencia de la pobreza y la indigencia en 31 aglomerados urbanos. Primer semestre de 2026, publicado el 24 de septiembre de 2026.