Patricia Bullrich empezó a imprimirle al Senado una dinámica propia. Mientras Karina Milei y los Menem concentran buena parte de la negociación política de la Casa Rosada, la jefa del bloque libertario trabaja sobre leyes concretas y acuerdos con dirigentes de otros partidos. No cambió de espacio ni anunció diferencias institucionales con el Gobierno, pero su actividad parlamentaria muestra que busca construir una agenda reconocible, más allá de las iniciativas que llegan desde el Poder Ejecutivo.
El primer frente es la Ley de Salud Mental, una reforma que Bullrich impulsa junto con Nadia Márquez e Ivanna Arrascaeta, presidentas de las comisiones involucradas. El proyecto modifica las condiciones para las internaciones involuntarias, incorpora la ludopatía entre las problemáticas de adicción y mantiene la prohibición de crear manicomios.
El texto original fue modificado tras conversaciones con el radicalismo de Eduardo Vischi, el PRO de Martín Goerling, dirigentes provinciales y senadores peronistas con experiencia en el área sanitaria, como el exministro de Salud Juan Manzur. Las discusiones se concentraron en el alcance de la intervención médica, las garantías judiciales y el financiamiento. Aunque hubo respaldo de distintas bancadas, persistieron diferencias sobre la redacción final y las firmas necesarias para cerrar el trámite.
El segundo movimiento es el Tratado de Cooperación en materia de Patentes, cuya aprobación argentina está pendiente desde hace décadas. Bullrich logró avanzar con un dictamen respaldado por libertarios, radicales, el PRO y bloques provinciales. Para reunir ese apoyo, aceptó cambios que generaron controversias entre los farmacéuticos nacionales.
El tratado facilita la presentación de solicitudes internacionales, pero no concede automáticamente patentes en la Argentina. Jorge Capitanich cuestionó el procedimiento y pidió precisiones sobre sus efectos en la industria local y en el acceso a los medicamentos.
La particularidad de Bullrich es que negocia con sectores que también cuestionan otras decisiones de Milei. Construye acuerdos parlamentarios sin exigir coincidencias completas en todos los temas, una lógica habitual en el Congreso, aunque difícil de administrar dentro de una coalición atravesada por disputas internas.
Su agenda todavía deberá superar las votaciones y demostrar resultados concretos. Pero el hecho de instalar temas sensibles, como la salud mental y los medicamentos, ya le permite ganar espacio en la estructura de poder.
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