La Ciudad proyecta gastos por más de $24 billones y destina $917.000 millones al subte. La reforma de patentes y el inicio de las obras de la Línea F concentran dos de las principales apuestas de gestión, aunque su ejecución dependerá de la aprobación legislativa y del avance de las licitaciones.

El gobierno de Jorge Macri llevó a la Legislatura porteña un proyecto de Presupuesto 2027 que intenta combinar tres objetivos: mantener el equilibrio de las cuentas públicas, reducir la carga de determinados impuestos y ampliar la inversión en infraestructura de transporte. La iniciativa calcula gastos totales por 24 billones 94 mil millones de pesos y recursos por 24 billones 95 mil millones, con un resultado financiero superavitario de mil millones de pesos. Las proyecciones se elaboraron utilizando los parámetros macroeconómicos del presupuesto nacional, entre ellos un crecimiento económico del 4%, una inflación anual del 18% y un dólar de $1.847,6 hacia el cierre del próximo año. Son estimaciones de planificación, no resultados asegurados, y de su cumplimiento dependerá buena parte de la ejecución que el Ejecutivo presenta como uno de los ejes de su programa de gobierno.

La modificación del impuesto a las patentes ocupa un lugar destacado dentro de la propuesta. Según los cálculos oficiales, de un padrón aproximado de 1.630.000 vehículos, unos 824.000 pagarían menos que en 2026, otros 654.000 mantendrían el importe nominal y alrededor de 152.000 dejarían de tributar por la ampliación de la exención por antigüedad, que pasaría de 25 a 20 años. El nuevo esquema incorpora un tramo adicional y reduce la alícuota efectiva promedio del 3% al 2,3%. Para una parte de los contribuyentes, el cambio representaría una disminución concreta del impuesto; para otros, el beneficio consistiría en mantener congelado el monto frente a un escenario de inflación. La diferencia no es menor cuando se evalúa el alcance real del anuncio. Además, el paquete contempla tratamientos fiscales para actividades como la hotelería, la gastronomía, las librerías y determinadas pequeñas y medianas empresas.

En infraestructura, la Línea F vuelve a ocupar el centro de la escena. El proyecto destina $917.000 millones a obras relacionadas con el subte, de los cuales más de $360.000 millones se asignarían a la nueva línea que conectará Barracas con Plaza Italia. El trazado proyectado contempla 12 estaciones y atravesará ocho barrios de cinco comunas, con una demanda estimada por el Ejecutivo de más de 300.000 pasajeros diarios. La licitación tuvo un avance durante los primeros días de octubre con la presentación de dos consorcios integrados por empresas nacionales e internacionales: uno encabezado por CITIC Construction junto con otras firmas y otro compuesto por Roggio y Ghella. La Ciudad informó que espera adjudicar las obras en diciembre y comenzar los trabajos a principios de 2027. Esa secuencia todavía depende de las evaluaciones técnicas y económicas correspondientes, de modo que no corresponde confundir el crédito presupuestario con una obra ya adjudicada o ejecutada.

El reparto del gasto también permite observar las prioridades de la administración porteña. La educación concentra, según el proyecto, el 19,7% del presupuesto; la salud, el 16,5%; y la seguridad, el 15%. El gasto de capital representa el 18% del total, con inversiones que incluyen transporte, equipamiento y diversas obras urbanas. La negociación legislativa será el siguiente paso de una propuesta que el PRO presenta como expresión de su modelo de administración y que los demás bloques tendrán la oportunidad de discutir a partir de sus partidas, metas y proyecciones. En la práctica, la evaluación de este presupuesto no se agotará en la promesa de cobrar menos patentes ni en el anuncio de una nueva línea de subte. Su verdadero alcance estará en cuánto de lo comprometido se convierte en servicios, infraestructura y alivio fiscal efectivo para quienes viven, trabajan y circulan por la Ciudad.

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