La hipótesis de esta nota es simple: Sergio Massa no se mueve para sostener las PASO por convicción institucional, sino porque las PASO son, hoy, el único mecanismo que le permite disputarle a Axel Kicillof la candidatura presidencial de 2027 sin pedirle permiso a nadie. Todo lo demás —la cumbre en el hotel porteño, el operativo con los gobernadores, la reaparición pública— es instrumental a ese objetivo.

La cumbre y el reparto de tareas

El encuentro de entre cuatro y cinco horas en un hotel de Retiro, con Kicillof, Massa, Máximo Kirchner, cuatro gobernadores del PJ —Sergio Ziliotto (La Pampa), Ricardo Quintela (La Rioja), Gildo Insfrán (Formosa) y Gustavo Melella (Tierra del Fuego)— más el senador santiagueño Gerardo Zamora y los jefes de los bloques de Unión por la Patria en el Congreso, se presentó puertas afuera como una defensa conjunta de las primarias frente a la intención del Gobierno de Javier Milei de eliminarlas o modificarlas de cara a 2027. También se habló allí de Presupuesto 2027 y de otras leyes en danza. Esa lectura institucional es correcta, pero incompleta: trascendió además un plan para salir a tantear a los “gobernadores del medio”, los que hoy dialogan con la Casa Rosada, y en ese reparto a Massa le tocaría trabajar sobre mandatarios con los que ya tiene diálogo fluido, como Hugo Passalacqua (Misiones), Raúl Jalil (Catamarca), Rolando Figueroa (Neuquén) y Gustavo Sáenz (Salta) —un dato que, vale aclarar, surge de una sola fuente y todavía no fue confirmado por el resto de la cobertura—. Si ese operativo territorial avanza, Massa estaría armando su propia red de apoyos por fuera del aparato bonaerense de Kicillof y de la estructura de La Cámpora, más allá de la foto de unidad.

Para el gobernador, en cambio, el cálculo pasa por otro lado y tendrá su próximo capítulo el sábado 19 de septiembre, cuando Kicillof encabece en la UTN de Avellaneda el lanzamiento nacional del Movimiento Derecho al Futuro, con Jorge Ferraresi —intendente local y armador bonaerense del espacio— como anfitrión. La elección de esa sede, emblemática para el kirchnerismo, ya se lee como un gesto de ruptura con el sector duro de La Cámpora antes de que se pronuncie una sola palabra en el escenario. Kicillof necesita mostrar que tiene estructura propia más allá de la provincia; Massa necesita mostrar que puede volver a ser un actor nacional sin depender de esa estructura. Un dato que matiza la foto de tregua: según trascendió, el propio Kicillof vería con buenos ojos una PASO con Massa, en la medida en que le permitiría contrastar su proyecto presidencial frente al del excandidato de 2023.

El diagnóstico massista y lo que dicen (y no dicen) las encuestas

En el entorno de Massa circula un diagnóstico que conviene tomar como lo que es —una lectura interesada, no un dato objetivo— pero que igual explica buena parte de la jugada: entienden que cada vez que la tensión entre Kicillof y Cristina Kirchner se hace visible, el gobernador pierde representación incluso en su propio electorado, y que Massa parte con un piso más bajo pero también con más margen de crecimiento en una interna. Las encuestas disponibles, sin embargo, no avalan una lectura tan ordenada. Un relevamiento de Rubikon ubica a Kicillof con el mejor saldo de imagen entre los dirigentes peronistas, con Cristina Kirchner y Massa cargando ambos niveles altos de rechazo. Pero otro sondeo, de CB Global Data, midió que entre el electorado que se siente cercano al espacio, un 46,8% todavía preferiría a Cristina como candidata frente a un 39% que elegiría a Kicillof, y un tercer relevamiento la ubica por delante del gobernador también en imagen positiva pura. El propio nivel de conversación en redes sociales sigue siendo mayor para Cristina que para Kicillof o Massa. En síntesis: no existe, por ahora, una encuesta que confirme de manera consistente el “techo bajo” de Kicillof que da por sentado el massismo. La ventaja que imagina ese sector es, todavía, una apuesta más que un dato verificado.

Lo que todavía no existe

Conviene remarcar lo que la cumbre no resolvió. No hay mesa de conducción común dentro de Unión por la Patria ni un mecanismo definido para dirimir las candidaturas de 2027. La coincidencia entre Massa, Kicillof y Máximo Kirchner es una tregua para un objetivo puntual —sostener las PASO frente al Gobierno— y no un acuerdo electoral. Los tres conservan estructura propia y los tres siguen siendo, en los hechos, precandidatos entre sí. Que compartan una foto no cierra la interna: la posterga.