
Horacio Rodríguez Larreta en 2023 y Jorge Macri camino al 2027 parecen estar jugando el mismo juego, pero con los controles invertidos. Ambos parten de la Jefatura de Gobierno, ese distrito híbrido y fascinante que funciona como un municipio para el reclamo del vecino (la baldosa floja), pero que es una vidriera nacional para los medios y la política grande.El trauma del 2023
HRL llegó a la última elección presidencial con el aura del “gran gestor”. Era el hombre que conocía cada rincón de la Ciudad y que estaba detrás de cada macetero. Sin embargo, esa hipergestión no le alcanzó: le faltó nitidez ideológica. Al no tener un mensaje claro que enamorara y lo proyectara a nivel nacional, cosechó un magro 11% que lo dejó fuera de carrera. La gestión, sin mística, tiene un techo muy bajo.El giro de Jorge
Jorge Macri parece haber tomado nota de ese error. Tras el golpe de las derrotas en mayo de 2025, recalibró su discurso público para sintonizar con la época. Hoy habla el lenguaje del votante PRO de pura cepa, ese de centro-derecha que confía en el partido amarillo desde que Mauricio desembarcó en 2007. En lo ideológico, Jorge está “nítido” sin desdibujarse con la agenda del oficialismo nacional.El metro cuadrado vs. el relato
Pero acá aparece el espejo invertido: a Jorge lo está castigando lo que a Horacio le sobraba. La basura en las veredas y el aumento de la gente en situación de calle están perforando su imagen de gestión. Al vecino porteño, muy exigente con su metro cuadrado, no le alcanza con el discurso si la calle no está limpia.
El riesgo para Jorge es igual de crítico que el que hundió a Larreta. Con un escenario de elecciones desdobladas, el foco de la campaña estará puesto en su gestión como en mayo del año pasado. Si el paladar porteño no está conforme, no habrá discurso que lo salve.Reflejos y apuestas
Jorge ya acusó recibo: movió estructuras, cambió prioridades y hasta puso funcionarios a marcar de cerca a las empresas de recolección. Aplicó el bisturí en el discurso, pero los resultados todavía no aparecen en la foto diaria.
Mientras tanto, la sombra del Gobierno Nacional y sus propios jugadores moviendo piezas en la Capital le agregan suspenso a la mesa. La jugada tiene que ser ambiciosa; en política no hay imposibles y, como sabemos, la moneda ya está en el aire. Nunca cae de canto: que sea cara o cruz dependerá, al final, de quién tenga la voluntad más fuerte.