Un golpe que no duele

Bullrich eligió el subte para pegarle al PRO. Pero el movimiento tiene una segunda lectura: también le permitió a Jorge Macri diferenciarse de Larreta. Un golpe extraño. Para pensar.

Patricia Bullrich levantó la cabeza y volvió a meterse de lleno en la discusión porteña. Eligió un tema sensible: el subte. Hace meses que la ex ministra viene recorriendo la Ciudad, subiendo el perfil, marcando agenda y construyendo volumen político propio dentro del universo libertario. Esta vez aprovechó una visita a Santiago de Chile para comparar sistemas de transporte y pegar donde más le duele al PRO: una de las grandes promesas incumplidas del macrismo en Buenos Aires.

Al remarcar que Buenos Aires fue pionera en América Latina pero hoy quedó relegada frente a otras capitales de la región, la crítica apuntó directo al corazón del relato porteño: la modernización urbana y la infraestructura. Porque si hubo una bandera histórica del PRO fue justamente la idea de una Ciudad eficiente, conectada y en constante transformación.

El mensaje no cayó bien en Uspallata. Jorge Macri salió rápido a responderle y, aunque evitó escalar el tono, recogió el guante. Admitió que el subte “quedó relegado durante muchos años”, en una frase que muchos leyeron como un golpe indirecto a Horacio Rodríguez Larreta, pero defendió la actual gestión con anuncios de obras, compra de vagones nuevos, renovación de estaciones y la licitación de la Línea F.

Incluso dejó una frase con lectura interna bien clara: “Nosotros diagnosticamos y hacemos”.

Bullrich decidió aprovechar el desgaste de la figura de Manuel Adorni en la Ciudad para empezar a caminar con más libertad el territorio porteño. En las últimas semanas se la vio junto a Pilar Ramírez, la delegada de Karina Milei en CABA, recorriendo la Comuna 8, cuestionando la gestión del GCBA y metiéndose en temas históricamente sensibles para el PRO. Seguridad, limpieza y ahora transporte.

Lo llamativo es que el golpe haya sido sobre el subte. Porque más que una crítica pura, en la política algunos empezaron a leer otra cosa: un guiño. Bullrich instaló un tema incómodo para el macrismo, pero al mismo tiempo le permitió a Jorge Macri diferenciarse de la etapa Larreta y mostrar la gestión que durante años no se empezaba.

Un movimiento extraño, un golpe que no duele. Para pensar.

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