
13 DE MAYO DE 2026
Mientras el cristinismo y el kicillofismo se enzarzaban en una pelea de conducción que ya no disimula sus heridas, Sergio Uñac hizo lo más disruptivo que puede hacer un dirigente peronista hoy: anunció que quiere ser presidente y que está dispuesto a pelearlo en una interna. No bajado desde arriba. Elegido.
La declaración, formulada el martes por la noche en el canal de streaming Blender, fue precisa y calculada. “Tomé la decisión de ser candidato a presidente. Es una decisión unilateral y personal”, afirmó el exgobernador de San Juan. No mencionó a Cristina. No pidió permiso a Kicillof. Y cuando le preguntaron quién es su principal competidor dentro del espacio, nombró al gobernador bonaerense sin dudar: “un contrincante directo”.
“Con una presidenta del partido con una inhabilitación perpetua, el peronismo tiene que debatir conducción y organización.”
Esa frase es la clave de su jugada. Sin usar la palabra “proscripción” —políticamente cargada y de uso casi exclusivo del cristinismo duro— Uñac desnudó el problema estructural que el peronismo viene esquivando: el partido tiene una conducción formal inhabilitada para competir y nadie quiere decirlo en voz alta. Él lo dijo.
El interior contra el AMBA
El perfil de Uñac no es accidental. Viene de San Juan, una provincia minera, y en la misma entrevista defendió la actividad extractiva con una frase que resume su cosmovisión productivista: “Si es no a la minería, hay que devolver cada una de estas cosas con las que nos comunicamos hoy”. También reivindicó el equilibrio fiscal, una posición que lo separa del kirchnerismo de gestión y lo acerca a un peronismo federal que no se reconoce en el debate Capital-Conurbano.
No es menor que en marzo, cuando envió una carta al PJ reclamando una interna abierta, la propia Cristina se haya comunicado con él para felicitarlo. El gesto fue leído como una señal de la expresidenta hacia el campo no kicillofista. Uñac, sin embargo, se encargó de clausurar esa lectura: rechazó de plano la posibilidad de indultarla si llegara a la presidencia, y aclaró que hacerlo sería “faltarle el respeto”, dado que ella misma se opone a esa salida.
Qué ofrece que los otros no pueden
Kicillof encarna la renovación dentro del kirchnerismo, pero carga con la contradicción de haberse formado en ese espacio y necesitar ahora emanciparse de él. El cristinismo duro, por su parte, busca un “nuevo Cámpora” —alguien que responda— y en ese esquema no hay candidato, hay portavoz. Uñac propone algo diferente: dos o tres candidatos compitiendo en internas regionales, con el peronismo decidiendo por sí mismo.
Es una apuesta arriesgada en un partido que históricamente resuelve sus liderazgos por aclamación o por imposición. Pero en un escenario donde la figura dominante está inhabilitada y la segunda figura todavía no logra consolidarse, la propuesta de proceso tiene un valor que antes no tenía: es la única que no depende de que alguien ceda.
Si la guerra entre el cristinismo y el kicillofismo no produce ganador claro —y todo indica que no lo producirá pronto—, el sanjuanino estará ahí, federal, equilibrista y con la candidatura ya declarada. En el peronismo, a veces, el tercero gana por cansancio de los otros dos.