
Roberto García Moritán volvió a la escena con una frase de tráiler político: en 2027 quiere ser candidato por la Ciudad.
No dijo si será con LLA, con el PRO o con una terminal propia. Pero dejó una señal bastante clara: no quiere esperar que lo inviten al casamiento. Quiere llegar con traje, propuesta y silla reservada.
El movimiento tiene algo de regreso cinematográfico. Después de su paso por la Legislatura y por el gobierno porteño, Moritán busca reubicarse en una Ciudad donde la derecha todavía está ordenando sus muebles: Jorge Macri gobierna, Milei marca el clima nacional y el electorado liberal sigue siendo una pieza codiciada.
Moritán no se planta como opositor duro. Al contrario: banca el rumbo económico nacional, pero advierte que el Gobierno tiene que volver a conectar con la gente. Una frase suave, pero con destinatario. Porque en política porteña, cuando alguien dice “hay que escuchar más”, casi siempre está diciendo: “acá hay lugar para mí”.
En CABA también metió agenda propia: salud, gestión, residuos y prioridad porteña. Temas de vereda, hospital y boleta. Menos épica de set televisivo, más administración concreta.
La pregunta de fondo es si su regreso será candidatura real, carta de negociación o punto de apoyo para un armado más amplio.
Dato: él ya dijo que quiere jugar. Hipótesis: si PRO y LLA llegan con tensiones a 2027, una figura liberal con volumen mediático puede volver a tener precio político.
Moritán no apareció con motosierra ni con casco amarillo.
Apareció con una frase simple: quiero estar.
Y en la Ciudad, a veces, volver a estar ya es empezar a negociar.