La neutralidad que se agotó: Trump, Malvinas y el costo de cruzar a Estados Unidos

Una filtración del Pentágono emitida por Reuters encendió las alarmas en Londres y puso en el centro del tablero geopolítico una variable que Argentina no movía desde 1982: Malvinas.

Según el documento, la administración Trump estaría evaluando revisar su respaldo histórico a la soberanía británica sobre las islas como represalia directa por la negativa del Reino Unido a respaldar la ofensiva militar estadounidense contra Irán.

Londres no solo se negó a sumarse a los ataques: el canciller Keir Starmer restringió el uso de bases británicas —incluyendo las del Océano Índico— a “propósitos exclusivamente defensivos”, una señal de autonomía estratégica que Washington leyó como una traición de aliado.
Los británicos salieron a contener el daño rápido. La canciller Yvette Cooper publicó en X que “las Malvinas son británicas” y que el compromiso del Reino Unido con las islas “es inquebrantable”. El vocero de Starmer recordó el referéndum de 2013, en el que el 98% de los isleños votó por continuar como territorio de ultramar. Pero la desmentida no alcanzó a calmar el nerviosismo: el tabloide The Sun tituló “Amenaza en las islas” y el tema escaló velozmente en los medios y la dirigencia británica.

Lo que le dio credibilidad a la filtración no fue solo su origen —el Pentágono vía Reuters no es cualquier fuente—, sino el contexto político que la rodea. Javier Milei lleva meses construyendo una relación carnal explícita con Trump, incluso por encima de la forjada entre Bush y Menem. Y en paralelo, el propio Milei declaró en un canal de streaming que está “haciendo todo lo humanamente posible para que las Malvinas vuelvan a manos de Argentina”, con la aclaración de que hay “avances como nunca”, aunque “no depende solo de nosotros”.
Esa frase es la clave de lectura del episodio. Lo que Milei está operando —o al menos lo que el gobierno argentino quiere que se lea así— es que la alianza carnal con Washington tiene un precio político concreto que Gran Bretaña está pagando.

España podria sacar provecho de esta situacion y recuperar Gibraltar pero por su postura idiologica y no estrategica no podea dado que también aparece en el correo filtrado: donde se evalúa suspenderla de la OTAN por negarle a EE.UU. el uso de sus bases y su espacio aéreo.

Formalmente, Estados Unidos nunca reconoció la soberanía británica sobre Malvinas. Pero desde 1982 su posición práctica fue inequívoca: apoyo logístico, inteligencia satelital y respaldo diplomático al Reino Unido. Que eso pueda cambiar —aunque sea como señal de presión— es una novedad de magnitud. La pregunta que queda flotando es si Trump efectivamente está dispuesto a usar Malvinas como moneda de cambio geopolítico o si la filtración es, en sí misma, el instrumento de presión. En internacionales , a veces el rumor es la política.

1 comentario en “La neutralidad que se agotó: Trump, Malvinas y el costo de cruzar a Estados Unidos”

  1. creo que va a terminar solo en amenazas de Trump. Por otro lado, tambien hay que tomar en cuenta lo que sienten los que habitan las islas. Si bien son Argentinas, ver de dejar a sus habitantes elegir su nacionalidad. Tal vez lo que diga es imposible aunque despues de tanto tiempo es imposible que se sientan alguna vez Argentinos

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