UÑAC, EL CÁMPORA DE CRISTINA

Parrilli negó una fórmula, pero ayudó a instalar una idea: si Cristina no puede jugar, el peronismo ya empezó a probar quién le abre la puerta.

Oscar Parrilli viajó a Tucumán el viernes para decir lo que todos en el peronismo ya saben, pero pocos se animan a formular tan limpiamente: sin Cristina Kirchner en la boleta, el peronismo pierde. La frase cayó en un acto de la campaña “Cristina Libre” y tuvo la virtud de hacer dos cosas al mismo tiempo: instalar la candidatura de la expresidenta presa e inhabilitada y alimentar, de paso, una versión que circula con cada vez más comodidad en los pasillos del justicialismo: la de una fórmula Cristina-Uñac.

El entorno de Kirchner salió rápido a apagar el fuego. “No puede ser candidata, está presa e inhabilitada”, dijeron. Parrilli, consultado después, también lo negó y aclaró que proponen exactamente lo contrario: evitar el problema del presidente vicario, ese modelo que, según él, ya probó sus límites con Cámpora y luego con Alberto Fernández. Dicho de otra manera: nada de lo que Parrilli dijo ese viernes fue un globo de ensayo. Y sin embargo, el globo ya estaba en el aire.

El timing no es inocente. Sergio Uñac viene de lanzar una propuesta en apariencia institucional: que el PJ defina su candidato presidencial antes de fin de año, en internas abiertas, después de comunicársela a Cristina, que la recibió, tomó nota y la dejó correr. Esa secuencia tiene su propia gramática: en el peronismo, cuando la conducción deja correr algo, es porque quiere que corra. Uñac, que no pertenece a ninguna tribu interna, que está en el medio y que tiene el aval tácito de la expresidenta en detrimento de Kicillof, de pronto ocupa el centro del tablero. Sin haber dicho que quiere ser candidato, ya es candidato.

La lógica del esquema es tan sencilla como elegante. Cristina se anota, el PJ la consagra en su interna y, si la Justicia después le impide competir en las generales, el relato de la proscripción queda blindado y Uñac hereda la candidatura con toda la épica del martirio kirchnerista encima. Un plan que funciona tanto si Cristina puede presentarse como si no puede. Una arquitectura política a prueba de fallos judiciales.

Parrilli dijo que quieren evitar repetir la historia de un presidente débil, condicionado por quien lo puso. Lo que no dijo —o no necesitó decir— es que esa historia ya tiene nombre, fecha y duración exacta. El 25 de mayo de 1973, Héctor Cámpora asumió la presidencia con Perón exiliado en Madrid. El 13 de julio, cuarenta y nueve días después, renunció. Perón volvió, se presentó, ganó y gobernó hasta que la muerte lo sacó del poder. Nadie recuerda a Cámpora como presidente. Lo recuerdan como el que le abrió la puerta.

La pregunta que el peronismo todavía no responde en voz alta es si Uñac sabe el papel que le están escribiendo.

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