La CGT busca Presidente

La central obrera ya empezó a tantear candidatos para 2027, con un objetivo menos épico y más práctico: no quedarse afuera del próximo teléfono rojo del poder. Entre Kicillof, Uñac y la apuesta insólita por Dante Gebel, los gremios prueban nombres mientras admiten en voz baja que el peronismo solo no alcanza.

Falta más de un año para las presidenciales y la CGT ya está en campaña. No para ganarla, claro —eso sería demasiado pedir—, sino para no quedar del lado equivocadocuando se sepa quién tiene chances reales de sacar a Milei de la Casa Rosada. Porque de eso se trata todo, al fin y al cabo: recuperar el teléfono directo con el poder, las paritarias jugosas y la tranquilidad de que nadie les toque la reforma laboral de nuevo.

El problema es que los dirigentes sindicales, fieles a su ADN, no se ponen de acuerdo ni en el menú del asado. Hoy el mapa gremial tiene tres bandos, tres candidatos y una sola certeza compartida: solos, con el peronismo puro y duro, no le ganan a Javier Milei. Y eso los desvela.

El gobernador bonaerense Axel Kicillof arrancó con ventaja. Tiene en su bolsillo a los pesos pesados del sindicalismo tradicional: desde los “Gordos” como Héctor Daer de Sanidad y Armando Cavalieri de Comercio, hasta las dos CTA, pasando por Hugo Moyano de Camioneros y Luis Barrionuevo de los gastronómicos. Medio abecedario sindical alineado detrás del gobernador. Impresionante, si no fuera porque el proyecto entero depende de cómo Axel resuelva su interna con Cristina Kirchner, es decir, de algo que nadie en el universo conocido sabe cómo va a terminar. Y la tensión interna ya asomó la oreja: el cotitular cegetista Jorge Sola, de la mano del propio Daer, se habría reunido con Carlos Bianco —referente de Kicillof— y el armador del PJ porteño Juan Manuel Olmos, “sin avisar a sus pares del triunvirato”.

La respuesta del otro cotitular, Cristian Jerónimo, fue quirúrgica: una foto junto a Máximo Kirchner durante la marcha por el golpe de 1976, leída por todos como mensaje de advertencia hacia el kicillofismo. Cerca de Sola desmintieron la reunión. En el entorno de Jerónimo dijeron que el cruce con Máximo fue casual. Sí, casual. Como siempre en Argentina: todo se desmiente, nada se olvida y los mensajes viajan igual. Los más lúcidos del bando kicillofista ya advierten en voz baja: “Si no armamos una opción más allá del PJ vamos a perder de nuevo”. La idea es seducir a radicales antimileístas y al armado de Pichetto. Fácil, ¿no?

Acá está lo verdaderamente jugoso: un sector del sindicalismo —no menor— está apostando a Dante Gebel, el pastor evangélico que vive en Los Ángeles y que todavía no confirmó si se baja del avión para candidatearse. El principal armador gremial de esta aventura es Juan Pablo Brey, titular de la Asociación Argentina de Aeronavegantes, lo cual tiene cierta lógica poética: el hombre que representa a quienes vuelan aviones apostando al candidato que vive en otro continente. La teoría de los gebelistas es casi filosófica: la sociedad eligió un outsider con Milei, entonces la respuesta es otro outsider.

Gebel vendría a Argentina en abril para reuniones con empresarios, medios y la cúpula de la CGT —precisamente con algunos de los mismos dirigentes que en público abrazan a Kicillof—, pero recién confirmaría su candidatura después del Mundial de Fútbol. Mientras tanto, sus seguidores ya organizaron un “encuentro nacional y federal” en el microestadio de Lanús. Humilde el arranque, no.

Para completar el triángulo, apareció el senador y ex gobernador sanjuanino Sergio Uñac, que propuso internas abiertas en el PJ y llegó con una novedad: una decena de líderes sindicales —que prefieren el anonimato, porque en este circo nadie quiere quemar los barcos antes de tiempo— le están acercando propuestas de gobierno en materia energética y de transporte. Lo interesante del perfil Uñac es que sus propios operadores lo venden como el peronista capaz de hablarle al votante que hoy apoya la baja del déficit y la lucha contra la inflación. En cristiano: un peronista que suene un poco a lo que no es. Clásico.

La CGT, mientras tanto, emite comunicados pidiendo “ponerse por arriba de todo y convocar a todos los sectores”. Que traducido al porteño significa: todavía no sabemos a quién apoyar, pero cuando lo sepamos, diremos que siempre fue nuestra idea.

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