
La polĂtica argentina tiene una rareza nueva: Santiago Caputo, sin cargo electivo ni territorio propio, ya aparece mejor posicionado en imagen positiva que varios nombres con historia, aparato y ambiciĂłn presidencial. En la Ășltima mediciĂłn de AtlasIntel para Bloomberg, hecha entre el 20 y el 24 de marzo sobre 5.037 casos nacionales, Caputo registra 25% de imagen positiva y 66% de negativa. Con ese nĂșmero, queda por encima de Mauricio Macri (24%), Sergio Massa (22%), Victoria Villarruel (20%), Karina Milei (19%) y Juan Schiaretti (17%). Todo eso en una tabla donde, ademĂĄs, nadie logra saldo positivo.
El dato no lo convierte en candidato, pero sĂ lo convierte en algo igual de importante para esta etapa: actor polĂtico con volumen propio. AhĂ estĂĄ la rosca de fondo. Caputo ya no aparece solo como asesor en las sombras o armador de laboratorio presidencial. Empieza a figurar como una referencia nacional reconocible, incluso mejor ubicada que dirigentes que fueron presidentes, ministros, gobernadores o cabezas de coaliciones. Dato verificado: hoy tiene mĂĄs positiva que cinco figuras de peso. Lectura polĂtica: el âtriĂĄngulo de hierroâ ya no es solo una ingenierĂa de poder interno; tambiĂ©n empieza a proyectar una marca pĂșblica.
Ahora bien, tampoco hay que vender Ă©pica donde hay desgaste. Caputo tiene 66% de negativa y un saldo de -41 puntos, asĂ que no estĂĄ construyendo un liderazgo limpio ni una centralidad amable. Lo que muestra la encuesta es otra cosa: en una Argentina donde casi todos los nombres relevantes cargan rechazo alto, hasta un operador sin votos puede meterse en la conversaciĂłn grande. Y eso abre una pregunta incĂłmoda para el sistema polĂtico: si los dirigentes formales no enamoran, ÂżcuĂĄnto espacio empieza a ganar el poder real que nadie vota pero todos miran? La mesa, de nuevo, no siempre la ocupa el que da la cara. A veces la ordena el que reparte las sillas.