YPF: Nueva York le dio aire a Milei, reabrió la herida de Kicillof y cambió una derrota millonaria por una victoria política

Nueva York anuló la condena por YPF y le dio a la Argentina un alivio judicial, económico y político de alto impacto.

La política argentina amaneció este viernes con una de esas noticias que no se leen sólo en clave judicial. La Cámara de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York anuló la condena de US$16.100 millones contra la Argentina por la expropiación de YPF y también dejó sin efecto la orden que obligaba al país a entregar acciones de la petrolera. En los papeles, fue un fallo de derecho. En la política, fue otra cosa: un alivio monumental para Javier Milei y la reapertura instantánea de una vieja factura contra Axel Kicillof y el kirchnerismo.  

La decisión revierte el corazón del fallo de primera instancia de Loretta Preska, que en 2023 había condenado a la Argentina por no haber extendido una oferta a los accionistas minoritarios tras la expropiación del 51% de YPF en 2012. Ahora, la Cámara sostuvo por dos votos contra uno que esos reclamos no eran viables bajo la ley argentina en los términos aceptados por Preska. Dicho menos en idioma tribunal y más en idioma político: donde había una sentencia casi imposible de pagar, ahora hay un tablero reseteado.  

No era una contingencia menor. El propio expediente había sido presentado por la Argentina como una amenaza equivalente al 45% del presupuesto nacional de 2024. Por eso el fallo no sólo despeja una amenaza patrimonial; también saca del medio un factor de presión sobre reservas, deuda, confianza inversora y estabilidad macro. El mercado lo leyó así: Burford Capital, el fondo que financió el litigio, se desplomó tras conocerse la resolución, mientras YPF subió en Wall Street.  

Pero la noticia no iba a quedarse en el Excel ni en los escritos judiciales. En la Casa Rosada entendieron rápido que el fallo tenía volumen político propio. Milei lo celebró como un triunfo histórico y decidió hablar en cadena nacional este mismo viernes por la noche, en una escena que muestra hasta qué punto el Gobierno leyó el expediente YPF no como un dato técnico sino como una victoria para narrar. El oficialismo encontró ahí algo que no abunda: una buena noticia de escala internacional, con impacto económico, enemigo identificable y culpables del pasado a mano.  

Y ahí aparece el nombre que el Gobierno quería volver a poner en el centro del cuadro: Axel Kicillof. Porque si Milei necesitaba convertir el fallo en capital político, la forma más directa era atarlo a la foto original de la expropiación. El Presidente ya salió a cargar contra el exministro de Economía, y Kicillof respondió acusándolo de haber defendido antes a los fondos buitres y de usar el caso como arma política. O sea: el expediente salió de Manhattan y volvió, en cuestión de horas, a la pelea doméstica entre oficialismo y peronismo.  

Ese cruce no es secundario. La expropiación de YPF fue durante años una bandera del kirchnerismo, envuelta en soberanía energética, épica estatal y recuperación de un activo estratégico. El fallo de este viernes no reescribe aquella narrativa, pero sí la perfora por un costado incómodo: le devuelve centralidad al costo jurídico de cómo se hizo aquella operación. El kirchnerismo puede defender la decisión política; lo que vuelve a discusión es el método, la ejecución y la factura potencial que estuvo a punto de caerle encima al Estado argentino.  

Para Milei, además, hay un beneficio extra. El Gobierno no originó el conflicto, pero sí quedó posicionado como el que evitó el peor desenlace. En un momento donde la administración libertaria necesita mostrar orden, resultados y capacidad de blindar el frente externo, este fallo funciona como trofeo jurídico y también como señal financiera. No resuelve la macro, pero le saca de encima una pesadilla del tamaño de US$16.100 millones. Y en una Argentina donde cada frente de incertidumbre cuenta, eso pesa.  

Eso no significa que el caso esté terminado. Los demandantes todavía pueden intentar una revisión ante el pleno del Segundo Circuito o incluso buscar una instancia final en la Corte Suprema de Estados Unidos. Es decir: la Argentina no cerró definitivamente el juicio, pero sí consiguió algo decisivo: derribar la sentencia que transformaba el caso YPF en una amenaza sistémica.  

La foto política, entonces, es bastante nítida. Milei gana aire, la Procuración suma una victoria de enorme peso, Burford queda golpeado, YPF sale fortalecida en el mercado y Kicillof vuelve a quedar pegado a una discusión que creía archivada en la historia. El expediente sigue abierto, pero la relación de fuerzas cambió. Y eso, en política, también es una forma de fallo. 

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio