
Mauricio Macri acordĂł con Maximiliano Pullaro meter el PRO en la lista de convencionales con el segundo lugar para Germana Figueroa Casas. No pidiĂł encabezar ni discutir la conducciĂłn del frente. EligiĂł otra cosa: asegurarse presencia en la mesa donde se van a escribir las reglas.
Pullaro necesitaba volumen polĂtico sin abrir una interna con nombres pesados. BajĂł a figuras con peso propio para sostener una lista ordenada y ahĂ apareciĂł Macri con una oferta funcional: apoyo polĂtico, sin ruido, a cambio de un lugar clave. No condiciona la campaña, pero se garantiza incidencia en la convenciĂłn.
La reforma no es un tråmite. Define reelección, equilibrio fiscal, ficha limpia y el rediseño institucional de la provincia. Meter una dirigente propia en ese proceso le permite a Macri participar de la letra fina sin exponerse al resultado electoral. No compite por votos, compite por reglas.
En paralelo, el trasfondo es la disputa con Javier Milei por el electorado de centroderecha. Macri evita un choque directo en una provincia donde Milei puede crecer, pero no se retira: se mete en el Ășnico lugar donde el resultado no depende del humor del votante sino de la negociaciĂłn polĂtica.
El movimiento también ordena al PRO local. Mientras parte de la dirigencia coquetea con Milei, Macri fija presencia institucional y marca territorio sin necesidad de exponerse como candidato. No lidera la lista, pero coloca gente en el órgano que define cómo se ejerce el poder.
La jugada es concreta: menos protagonismo electoral, mĂĄs incidencia estructural. Santa Fe no es una excepciĂłn; es un ensayo de cĂłmo Macri busca sostener poder sin disputar centralidad, ÂżSera la nueva tecnica?