CAE LA PRODUCCIÓN DE FORROS

Tulipán echó a 220 trabajadores y la crisis también se metió en la intimidad del consumo argentino.

En Argentina, “forro” puede ser un insulto, un chiste o un preservativo. Esta vez, la palabra volvió como síntoma. La marca Tulipán, una de las más conocidas del país, quedó en el centro de una postal incómoda: caída de ventas, achique de planta y más de 200 trabajadores afuera. Detrás del dato hay algo más que una crisis empresaria. Hay una escena de época.

Porque cuando hasta los preservativos venden menos, el problema ya no pasa solo por la construcción, los autos o los electrodomésticos. La recesión se mete en la farmacia, en el kiosco, en la compra mínima, en ese gasto que parece chico pero también empieza a discutirse. Lo que cae no es solo la producción de una marca. Lo que aparece es una señal más profunda: el ajuste ya entró en la vida cotidiana sin pedir permiso.

El caso Tulipán también dialoga con el momento político. Apertura importadora, industria local bajo presión, consumo planchado y empresas obligadas a sobrevivir en modo intemperie. Para el Gobierno, puede ser parte del reordenamiento del mercado. Para buena parte del sector productivo, es la evidencia de que competir sin red, con ventas en baja y costos todavía altos, se parece bastante más a resistir que a modernizarse. Ahí está la paradoja perfecta del presente argentino: un país que habla de libertad económica mientras cada vez más sectores sienten que quedaron a la buena de Dios.

En la Argentina de Milei, hasta los forros entraron en crisis. Y cuando eso pasa, el problema ya dejó de ser un chiste.

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