UN ALFONSÍN CON LA LIBERTAD AVANZA

El Ministerio de Justicia nombró a Juan Francisco Alfonsín en Comunicación y Prensa. Un apellido histórico del radicalismo que ahora aparece en la estructura libertaria.

El Ministerio de Justicia designó a Juan Francisco Alfonsín al frente de la Dirección de Comunicación, Prensa y Ceremonial. Un apellido pesado que vuelve a aparecer en la estructura del poder, esta vez bajo la órbita del gobierno libertario.

El Boletín Oficial del 16 de marzo trajo una curiosidad política que en los pasillos del poder no pasó desapercibida. Mediante la Disposición 66/2026, el Ministerio de Justicia designó de manera transitoria al abogado Juan Francisco Alfonsín como Director de la Dirección General de Comunicación, Prensa y Ceremonial de la cartera.

El cargo depende directamente de la Unidad Gabinete de Asesores del ministerio y tiene una función clave: manejar el relato institucional, la relación con la prensa y la agenda protocolar de la cartera que conduce el oficialismo libertario.

El dato que rápidamente empezó a circular en la rosca es el apellido.

En un gobierno que llegó al poder denunciando a la “casta” política, aparece ahora en un puesto estratégico un Alfonsíndentro de la estructura del Estado. Un apellido que, para la política argentina, no es cualquier cosa.

Raúl Alfonsín fue el presidente que simbolizó el regreso de la democracia en 1983 y el líder histórico de la Unión Cívica Radical. Durante décadas, el radicalismo construyó parte de su identidad en oposición al peronismo y en defensa del sistema institucional que aquel gobierno inauguró.

Por eso, en los corrillos políticos la designación generó comentarios inevitables. No tanto por el cargo —un puesto técnico dentro del organigrama— sino por el gesto simbólico que implica que un Alfonsín termine ocupando un lugar dentro de un gobierno libertario que ha tenido fuertes cruces con buena parte del establishment político tradicional.

En términos administrativos, se trata de un movimiento menor dentro de la estructura estatal. Pero en términos políticos, el apellido activa una lectura inevitable.

Porque en Argentina los apellidos pesan.

Y en la política, a veces, pesan más que los cargos.

En los despachos donde se cocina la rosca, la escena ya tiene título propio: un Alfonsín trabajando dentro de La Libertad Avanza.

Una imagen que, para algunos, es apenas una anécdota administrativa.

Para otros, un pequeño símbolo de cómo se reacomodan las piezas del poder cuando cambian los vientos de la política.

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