
Darío Lopérfido fue un gestor cultural y ex ministro que nunca eligió el silencio cómodo. Defendió la austeridad y la libertad también como principios para la cultura, y pagó costos por sostener esa mirada. Su vínculo con Esmeralda Mitre lo expuso aún más en el centro de la escena pública. La declaración de que en Argentina no hubo 30 mil desaparecidos y su pedido de austeridad a su propio gobierno derivaron en su salida, decidida por Horacio Rodríguez Larreta sin siquiera un llamado telefónico.
Fue duramente cuestionado por sostener que la cultura debía mantener calidad aun con presupuestos acotados, sin clientelismo ni marketing vacío. Creía que se podía hacer mucho con poco si había talento y decisión política. La ELA terminó de alejarlo de la gestión, justo cuando imaginaba volver para demostrar que una cultura exigente, libre y de alto nivel era posible incluso en tiempos de restricción presupuestaria. Su figura quedó atravesada por la polémica, pero también por la convicción.
Vamos a extrañar sus artículos de los domingos, bien argumentados, de exquisita lógica.
La huella que deja: mirada aguda, coherencia y pensamiento crítico libre.