
La interna radical bonaerense tiene juez, tiene dos bandos que se odian y tiene un acto en Saladillo que fue, básicamente, una declaración de guerra con medialunas.
Miguel Fernández, titular del comité de contingencia, lleva semanas esperando que el juez Alejo Ramos Padilla le frene la mano al sector Futuro de Pablo Domenichini, que convocó a internas para junio sin pedirle permiso a nadie. El magistrado escuchó a las dos partes y todavía no habló. Puede que resuelva antes de Semana Santa, puede que el fallo nazca abstracto si la convocatoria ya está en marcha. Mientras tanto, Fernández decidió no esperar sentado.
El sábado juntó 500 militantes en Saladillo y desplegó 13 intendentes de media provincia. Ahí estaban caras que hasta el año pasado exploraban el frente de los Manes con Schiaretti —Mittelbach, Flexas— y Suescún, que semanas antes predicaba unidad y postergación. Todos bajo el paraguas de Fernández, todos con cara de que siempre estuvieron ahí.
El acto se llamó “construir futuro”. Futuro: la misma palabra que identifica al bloque de Domenichini. Una provocación tan obvia que roza lo pedagógico.
El mensaje fue claro: si Ramos Padilla no ayuda, Fernández tiene territorio para negociar. Y si hay que ir a una interna, no va solo.