EL Plenario que no fue

Kicillof reunió menos de la mitad de los intendentes que convocó y dejó expuesta una verdad incómoda: el problema ya no es solo Milei, sino su propia dificultad para ordenar al peronismo bonaerense.

Axel Kicillof convocó a los 135 intendentes bonaerenses a una reunión en La Plata para hablar del impacto económico de las políticas de Milei. Solo fueron 62. Es decir: más de la mitad le dijo que no. Algunos con excusas, otros con silencio, y uno directamente con una frase que resume todo el humor político del momento: “Linda la terapia de grupo, pero para llorar me quedo en el Santuario”, disparó el intendente de San Nicolás, Santiago Passaglia, antes de que empezara el encuentro.

Bienvenidos al peronismo bonaerense 2026.
Que los intendentes del PRO no fueran es esperable y casi anecdótico. Con la excepción de María José Gentile de Nueve de Julio, todos rechazaron el convite aduciendo que el título mismo de la convocatoria —“Consecuencias económicas del gobierno de Milei”— era una declaración política, no una mesa de trabajo. “¿A qué íbamos a ir, a sacarnos una foto?”, preguntó retóricamente un jefe comunal macrista. Difícil rebatirlo.


Lo verdaderamente jugoso es la lista de ausentes del propio peronismo, porque ahí está el termómetro real de la temperatura interna. No fueron Espinoza de La Matanza, Ferraresi de Avellaneda, Otermín de Lomas de Zamora, Nardini de Malvinas Argentinas, Achával de Pilar, Moreira de San Martín y Menéndez de Merlo, entre otros. Algunos alegaron problemas de agenda. Menéndez y la intendenta de Moreno, Mariel Fernández, atravesaban situaciones de emergencia real por incendios y explosiones en depósitos. Pero varios de los otros simplemente no fueron, y en política la ausencia también es un mensaje.

Passaglia lo dijo en voz alta: “Nación abandonó a las Pymes y a los laburantes. Provincia tiene la seguridad, salud y educación detonadas hace años. Dejen de pasarse la pelota”. Dos dedos apuntando para cada lado. Nada de foto con el gobernador.
Los que sí fueron aplaudieron con entusiasmo cuando Kicillof anunció que coparticipará los fondos que recupere de las demandas contra la Nación. El aplauso duró hasta que alguien cayó en la cuenta de que todo depende de que la Corte falle a favor, de que la Nación gire los recursos y de que cada intendente adhiera luego por sus concejos deliberantes. Aplaudieron una promesa encadenada a tres condicionales. Típico: festejar el menú antes de saber si hay cocina.
El gobernador bonaerense no logró llenar ni su propio patio. Para quien aspira a liderar la oposición en 2027, eso dice más que cualquier comunicado libertario.

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