OTERMIN EL PICHO DE INSURRALDE QUIERE SER EL HEREDERO DE KICILLOF EN PBA

No lo dice de frente. Pero en la política bonaerense nadie empieza a caminar más de la cuenta por amor al paisaje.

No lo dice de frente. Pero en la política bonaerense nadie empieza a caminar más de la cuenta por amor al paisaje.

Federico Otermín dejó de ser solamente el intendente de Lomas de Zamora. En los últimos meses su nombre empezó a circular en una escala más grande: primero como pieza de equilibrio en la negociación del PJ bonaerense y después como uno de los dirigentes jóvenes que el peronismo mira para el recambio. No hay afiche ni operativo clamor, pero sí algo más importante: mesa, cargo y visibilidad. En febrero quedó como vicepresidente segundo del PJ bonaerense, en la nueva conducción encabezada por Axel Kicillof, con Verónica Magario como vice primera y Máximo Kirchner al frente del Congreso partidario.  

Ese movimiento no es menor. En el peronismo bonaerense los cargos partidarios nunca son decorativos: ordenan tribus, reparten centralidad y marcan quién entra a la conversación del futuro. Antes incluso del cierre de esa unidad, ya había versiones sobre Otermín como nombre de consenso dentro de una interna cargada de desconfianzas entre el kicillofismo y el kirchnerismo. Dicho más simple: cuando hubo que buscar una figura que no desatara una guerra inmediata, el lomense apareció en la mesa. Eso no lo convierte en heredero automático de nadie, pero sí en un dirigente que empezó a dejar de ser estrictamente municipal.  

Su historia, igual, tiene sello de origen. Otermín es un producto político del armado de Martín Insaurralde. En 2023 ya hablaba públicamente de pensar “el futuro de Lomas” junto a él, y fue el elegido para sucederlo en el distrito. Después vino el derrumbe de Insaurralde por el escándalo del yate, pero Otermín logró algo que no todos consiguen: sobrevivió al padrino, ganó Lomas y siguió acumulando poder propio. Esa es, justamente, la parte más filosa de su construcción. Porque ahora intenta mostrarse como algo más que el heredero de un jefe caído: quiere ser un dirigente con volumen propio en una provincia donde el apellido de origen puede servir para arrancar, pero también puede pesar como una mochila.  

La otra clave es el contexto. Axel Kicillof acaba de quedarse con la conducción del PJ bonaerense después de un acuerdo con el kirchnerismo, pero esa unidad no terminó de cerrar todas las heridas. Distintos medios vienen marcando que la convivencia entre La Plata, La Cámpora y los intendentes sigue siendo tensa, con disputas abiertas por lugares de poder y reacomodamientos hacia 2027. En ese tablero, empiezan a cotizar dirigentes con tres atributos: territorio, edad política y capacidad de no romper del todo con nadie. Otermín entra en ese casting. Dato: hoy tiene intendencia, partido y centralidad. Lectura política: quiere que lo anoten en la conversación grande de la provincia. Hipótesis: si Kicillof salta a una pelea nacional en 2027, varios van a querer pelear su herencia bonaerense, y Otermín quiere estar sentado en esa mesa.  

En el fondo, la jugada es más ambiciosa que un simple crecimiento partidario. Otermín necesita hacer dos cosas al mismo tiempo: despegarse sin traicionar. Despegarse de la sombra de Insaurralde, porque el pasado todavía le respira en la nuca; y no traicionar al sistema de lealtades que lo hizo crecer, porque en el peronismo nadie llega solo. Esa tensión explica bastante de su momento actual. Quiere ser leído como renovación, pero sin romper con el ADN del conurbano clásico. Quiere aparecer cerca de Kicillof, pero sin quedar reducido a un soldado más. Quiere jugar más arriba. Y ya empezó a moverse para eso.  

En la provincia de Buenos Aires nadie hereda por decreto. Primero hay que tener padrino. Después hay que sobrevivirle. Y recién ahí empieza la pelea de verdad. 

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio