No hay mal que por bien no venga

Se rompe la postal y se libera el jugador: Macri pierde capital emocional, pero gana foco para volver a la cancha.

La separaciĂłn de Mauricio Macri y Juliana Awada tiene lectura polĂ­tica y doble impacto. Lejos del chimento, el movimiento sacude un activo blando pero relevante: el vĂ­nculo con el electorado femenino conservador que habĂ­a comprado la postal de pareja “institucional”, casi estilo Brangelina criolla. Awada funcionaba como puente con ese segmento que comparaba a la “chica de alcurnia” con su sucesora, Fabiola Yåñez, y ahĂ­ el quiebre puede costar simpatĂ­a, contenciĂłn y algo de capital emocional.

Pero hay otra lectura, mĂĄs cruda y rosquera. Las separaciones suelen liberar tiempo, foco y decisiĂłn polĂ­tica. El caso de Horacio RodrĂ­guez Larreta con BĂĄrbara Diez es citado en privado como antecedente: ruptura, campaña al 100% y una compañera alineada al proyecto. En el macrismo se decĂ­a que Awada era freno a un regreso fuerte, que moderaba el impulso y cuidaba la exposiciĂłn. Sin ese contrapeso, aseguran, Mauricio estarĂ­a “listo” para jugar fuerte, sin medias tintas ni correcciones de living.

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