Mejor malo conocido que bueno por conocer

Un informe de CB Global Data muestra que, en el Senado, tener mala imagen puede pesar menos que no existir para la opinión pública.

En política hay una regla incómoda pero determinante: es más importante que te conozcan a que te quieran. Maquiavelo lo escribió hace cinco siglos —era preferible ser temido que amado, decía, porque el miedo se administra y el amor depende de otros— y el ranking de imagen de los senadores nacionales, elaborado por CB Global Data, lo confirma sin maquillaje.

No hay una sola figura con diferencial positivo en todo el padrón de 72 legisladores. Pero la verdadera grieta no es entre buena y mala imagen, sino entre los que existen para el electorado y los que todavía no.

Patricia Bullrich encabeza ese primer grupo: 98,2% de conocimiento, 46,2% positiva, 52% negativa, diferencial de -5,8%. Más rechazo que aprobación, pero una presencia que ningún operador puede ignorar. Luis Juez aparece sexto con apenas 18,4% de Ns/Nc y -4,8% de diferencial, el más competitivo entre los conocidos. Eduardo Wado de Pedro paga el costo de su identidad política con -15,9%, pero con 37,7% de desconocimiento sigue siendo una figura instalada. Carolina Losada, con 32,7% de Ns/Nc y -12,9%, también juega en esa cancha.

Todos generan rechazo. Y todos son más relevantes políticamente que la mayoría del Senado.

El contraste está arriba de la tabla, donde los números parecen mejores. Carolina Moisés encabeza el ranking con apenas -2,8% de diferencial. Pero tiene 81,2% de Ns/Nc. María Florencia López anota -3,5% con 80,9% de desconocimiento. Romina Almeida llega a -7,5% con 91,3% sin opinión formada. Imagen casi limpia, presencia nula. No generan rechazo porque nadie sabe quiénes son.

Un senador con -15% de diferencial y 35% de desconocimiento está mejor posicionado que uno con -3% y 85% de Ns/Nc. El primero tiene una base. El segundo parte de cero.

La política no es un concurso de simpatía. Es una disputa por presencia. El que se instala —aunque genere rechazo— ya está un paso adelante. Porque nadie vota a quien no conoce, y muchas veces el camino hacia el poder empieza acumulando rechazo antes que consenso. Maquiavelo no hablaba de senadores argentinos, pero podría haberlo hecho.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio