
Las encuestas de este febrero de 2026 marcan una paradoja: mientras Javier Milei consolida su ventaja nacional âllegando incluso a aventajar por 20 puntos al espacio opositor en algunos sondeosâ, Axel Kicillof emerge como el Ășnico sobreviviente con un piso sĂłlido, resistiendo en 20 de los 24 distritos del Conurbano. Sin embargo, la pregunta persiste: Âżes fortaleza real o es el “abrazo del oso” de un peronismo sin recambio?
Si las aspiraciones del gobernador aĂșn son presidenciales, deberĂĄ evaluar cĂłmo encastrar un espectro que hoy estĂĄ en reconstrucciĂłn forzada. El reciente acuerdo con MĂĄximo Kirchner, que depositĂł a Kicillof en la presidencia del PJ bonaerense, no es un cheque en blanco; es una tregua administrativa bajo la mirada de Cristina. El “Kirchnerismo/Cristinismo”, La CĂĄmpora y los intendentes le dieron las llaves del partido, pero no necesariamente el mando de la tropa. Sin una unidad de concepciĂłn que hoy no existe, Kicillof no le gana a Milei.
Por otro lado, la CGT juega su propio partido de sombras. Entre la movilizaciĂłn sin paro y el rechazo a la reforma laboral de este mes, la central obrera parece mĂĄs preocupada por el “quĂ© dirĂĄn” de los tribunales que por erigir un lĂder. La atomizaciĂłn encuentra a gobernadores que cuidan su quinta y a una CĂĄmpora que, tras ceder el PJ provincial, se mantiene expectante ante el mĂnimo paso en falso del gobernador.
Entonces, Âżes tiempo de lanzar una candidatura que hoy parece destinada al choque frontal? El peronismo corre el riesgo de sacrificar a su mejor activo en una batalla que, por ahora, domina el presente libertario. Guardar la carta no es cobardĂa; es estrategia en un tablero que todavĂa no terminĂł de moverse. En polĂtica, a veces, la velocidad del presente es la tumba del futuro.
SP.