
Manuel Adorni quiso clausurar la conversación, pero la conversación le volvió a caer encima. En Diputados ya le prepararon 4.800 preguntas para su presentación del 29 de abril, una cita que pasó de trámite institucional a examen político en horario central. El temario no gira solo sobre la gestión: gira sobre él. Patrimonio, viajes, uso de recursos oficiales y el arrastre del caso $LIBRA. Todo mezclado, todo junto, todo incómodo.

En la Casa Rosada, mientras tanto, el clima dejó de ser el de una tormenta de redes para convertirse en un problema de supervivencia política. La conferencia de prensa que debía funcionar como gesto de normalidad quedó en duda en medio del avance de las causas, mientras la fiscalía sigue moviendo piezas sobre su patrimonio y sus operaciones inmobiliarias. Ya no se trata solo de daño mediático: hay expediente, pedidos de documentación y una investigación formal en marcha.

La información dura hoy es bastante concreta: el 29 de abril tiene que ir al Congreso; la oposición ya montó una ofensiva parlamentaria de escala; y la causa patrimonial sigue avanzando en la Justicia. La lectura política, en cambio, es más filosa: cuando un funcionario deja de discutir su defensa y empieza a discutir su calendario, el poder ya entró en zona de descuento. El problema para Adorni no es solo lo que se investiga. El problema es que ya empezó a instalarse otra pregunta: no si el caso existe, sino cuándo le pone fecha el Gobierno a la salida.
El vocero que durante meses escribió “Fin” como si pudiera bajar la persiana de la realidad, ahora quedó atrapado en una historia que no controla. Y en política, cuando el final empieza a circular antes que la defensa, el desenlace deja de ser un rumor.