El tercer espacio busca dueño en Buenos Aires

Con Kicillof de salida en 2027, la oposición no peronista ni libertaria enfrenta su mayor dilema: construir una alternativa competitiva sin conducción clara, sin candidato propio y con la polarización aún ordenando la cancha.

Ni libertarios ni peronistas. En la provincia más grande del país, el resto del sistema empezó a mirar 2027 con una pregunta incómoda: quién junta volumen político sin quedar absorbido por La Libertad Avanza ni triturado por el PJ.

EL MAPA DESPUÉS DE LA BATALLA

La campaña electoral de 2027 en la provincia de Buenos Aires ya empezó. No la que se ve en los afiches, sino la que se juega en sobremesas, llamados, bloques legislativos y reuniones donde nadie anuncia nada, pero todos cuentan porotos. Con Axel Kicillof de salida por límite constitucional, se abrió el premio mayor. Y ahí apareció un problema para todo el ecosistema que no es ni peronista ni libertario: hoy nadie tiene jefatura clara, pero varios quieren reservarse el derecho de admisión cuando llegue la hora del armado.

Para entender el estado actual del tablero hay que volver al 7 de septiembre de 2025. Ese día, la provincia de Buenos Aires celebró elecciones legislativas provinciales y el resultado fue elocuente: Fuerza Patria se impuso con el 47,28% de los votos. La Libertad Avanza quedó segunda con el 33,71%. En el medio, la llamada tercera vía se repartió en fragmentos: Somos Buenos Aires, el frente armado por la UCR, peronistas díscolos y el PRO disidente, apenas cosechó el 5,25% del total provincial. Un resultado que dejó más preguntas que respuestas.

La polarización sigue ordenando, pero también está obligando a reacomodarse a quienes no quieren quedar pegados ni a LLA ni al peronismo. El riesgo, por supuesto, es quedarse en el medio de la nada.

“En Buenos Aires no alcanza con tener candidato, hace falta tener estructura, relato y una excusa convincente para no parecer apenas una colectora con mejor dicción.”

EL BATACAZO DE SANTILLI Y LA ECUACIÓN DEL PRO

El 26 de octubre de 2025, el mapa se movió. Diego Santilli encabezó la lista de La Libertad Avanza para diputados nacionales y protagonizó una remontada histórica: revirtió una diferencia de 14 puntos que el kirchnerismo había sacado en septiembre y ganó en la provincia, la primera vez que el espacio opositor se imponía en Buenos Aires en elecciones de medio término.

Esa noche, Cristian Ritondo fue el primero en verbalizarlo: “Es nuestro candidato a gobernador de la Provincia.” Santilli no fue menos explícito. “Me gustaría ser gobernador de la provincia de Buenos Aires. Me encanta, me motiva”, declaró en los festejos. Semanas después, el Presidente lo designó ministro del Interior, un cargo que le da volumen nacional y lo ubica como articulador de acuerdos con gobernadores.

El “plan Santilli 2027”, como lo llaman puertas adentro del PRO, tiene tres pilares según análisis de Infocronos y Letra P: acumular centralidad desde el Ministerio del Interior, evitar la ruptura formal con LLA sin resignar identidad propia —un dato clave es que Patricia Bullrich se afilió al partido de Milei, pero Santilli no lo hizo— y construir un frente competitivo para la gobernación mientras permite a los intendentes PRO negociar localmente según sus realidades territoriales.

Ese equilibrio es frágil. En la Segunda y Cuarta Sección Electoral, municipios como Junín, 9 de Julio y Vicente López ya mostraron autonomía en 2025, jugando con sellos alternativos. El mensaje fue claro: alianza sí, absorción no. Si la arquitectura se rompe, puede fragmentar el voto opositor. Si funciona, podría ampliar la base electoral sin desarmar las estructuras que el PRO sostiene desde 2015.

La condición que el PRO pone sobre la mesa es precisa: ir juntos con LLA y evitar la división del voto opositor. “Si el voto de cambio se divide, el peronismo se fortalece. El desafío es combinar identidad con inteligencia electoral”, resumió el senador Fernando Campbell. Un razonamiento que en 2025 se comprobó empíricamente, cuando la fragmentación opositora en algunas secciones permitió al peronismo ganar donde no debería.

LA UCR: EL DIAGNÓSTICO SIN EL MÉDICO

La derrota de Somos Buenos Aires en 2025 no fue apenas un mal resultado electoral. Fue también el disparo de salida de la peor crisis institucional que el radicalismo bonaerense recuerda en décadas. El frente armado con peronistas díscolos, la Coalición Cívica y el PRO disidente quedó cuarto en la Primera Sección y en la Tercera —las dos más pobladas del territorio—, superado por la izquierda. En total, cosechó cuatro bancas en la Legislatura y perdió terreno en municipios donde históricamente ganaba.

El diagnóstico interno no es piadoso. La interna de conducción entre Maximiliano Abad y la línea de Miguel Fernández-Pablo Domenichini, que terminó en la Justicia en 2024, dejó al partido operando con una conducción de contingencia durante un año electoral. La estrategia de “tercera vía” que impulsó Facundo Manes con Somos Buenos Aires fue resistida por Abad, quien apostó en soledad con boleta corta en Mar del Plata y terminó con dos concejales propios como único logro concreto.

Hoy, los dos sectores de mayor volumen —Abad-Lousteau y el espacio de Fernández— coinciden en una cosa: hay que renovar autoridades antes de que se defina el calendario 2027. La elección interna quedó fijada para el 7 de junio de 2026. En ese marco, la figura que empieza a circular como candidato a gobernador por consenso es Alfonso Prat-Gay, un nombre que generaría menos resistencias internas que cualquier referente tribal.

El problema es que nadie sabe todavía si la UCR quiere ser columna, satélite o árbitro en el eventual armado opositor. “No quiero un radicalismo a la deriva esperando que alguien le tire un salvavidas, quiero un radicalismo que construya su propio barco”, dijo Abad ante más de 200 dirigentes en el restaurante Lalín, en noviembre de 2025. La frase suena bien. El barco, por ahora, sigue en el astillero.

“El 2026 tiene que ser el año del punto de inflexión: el año en que recuperemos la centralidad que merecemos.” — Maximiliano Abad

LO QUE EL FRACASO DE LA TERCERA VÍA DEJÓ EN CLARO

El resultado de Somos Buenos Aires zanjó, al menos provisoriamente, el debate sobre si es posible una alternativa competitiva al margen de las dos fuerzas dominantes. La evidencia empírica habló: en la provincia de Buenos Aires, con su estructura de secciones electorales y el peso del conurbano, una tercera fuerza sin raíces en el primer y tercer cordón está condenada a ser decorativa.

Los propios dirigentes del espacio hicieron la autopsia. “En ese país está demostrado que no hay terceras vías. Hay blanco o negro”, reconoció un intendente de la Cuarta Sección que había apoyado la estrategia. En la Quinta, los radicales se consolaron con una metáfora futbolera: “Estaba todo dado para que sea Boca o River, pero no fue así. Podemos ser como Platense”, graficó el intendente Maximiliano Suescún. Es una aspiración razonable. Aunque Platense tampoco ganó el Clausura siguiente.

Lo que sí dejó la experiencia es una cartografía más precisa de dónde sobrevive el espacio opositor no kirchnerista y no libertario. En la Cuarta y la Sexta Sección, lejos del conurbano, la propuesta captó entre el 10% y el 20% de los votos. Es decir: en el interior profundo, con apellidos con peso y estructura municipal sólida, hay piso. Suficiente para legisladores. Insuficiente para disputar la gobernación.

EL PERONISMO, EL TIEMPO Y LA INCÓGNITA MASSA

Mientras la oposición discute cómo armarse, el peronismo tiene sus propios problemas. Con el 60% de los intendentes actuales imposibilitados de reelegir por la ley 14.836, la renovación de cuadros será masiva. El kirchnerismo ganó 2025 cómodamente, pero el límite de Kicillof abre una sucesión que no tiene candidato natural.

En ese tablero, el nombre de Sergio Massa empieza a circular con una peculiaridad: los propios armadores peronistas aseguran que no quiere ser candidato a gobernador. Su objetivo, dicen, sigue siendo la presidencia. Una decisión que, si se confirma, abriría la disputa interna con una intensidad similar a la que se vivió antes de que Kicillof se impusiera como candidato único. Verónica Magario, vicegobernadora y figura de La Matanza, aparece como nombre emergente en ese escenario.

Para la oposición, la ecuación es la inversa: si el peronismo llega a 2027 fragmentado o sin un candidato fuerte consolidado, el espacio para crecer se amplía. Si llega unido, el techo opositor dependerá de cuán integrado llegue el frente Santilli-LLA-PRO y si la UCR encuentra dónde pararse.

LA PREGUNTA QUE NADIE PUEDE RESPONDER TODAVÍA

El verdadero dilema del tercer espacio no es táctico: es identitario. Si el PRO se pega demasiado a Milei, se licúa como marca. Si se aleja demasiado, pierde potencia electoral. Si la UCR no define si quiere ser fuerza autónoma o complemento, puede regalar centralidad por tercera elección consecutiva.

En el medio hay intendentes, legisladores y armadores de sección que ya hacen cuentas finas. Saben que en Buenos Aires el voto no se resuelve con declaraciones porteñas: se construye distrito por distrito, sección por sección, con estructura que habla con el intendente del lado. Santilli lo entiende. El desafío es que el resto del armado también lo entienda a tiempo.

Lo que falta no es ambición. Lo que falta es un dueño. Y en Buenos Aires, cuando un espacio no tiene dueño, suele terminar alquilado. La historia reciente —el fracaso de Somos, la disolución de Juntos por el Cambio, la absorción de cuadros por LLA— es el mejor manual de uso de lo que ocurre cuando la suma de voluntades no alcanza para construir una conducción.

El calendar aprieta. Si hay desdoblamiento electoral en 2027 —como se especula con insistencia—, las candidaturas deberán estar cerradas antes de fin de año. La UCR tiene elección interna en junio. El PRO tiene a Santilli cada vez más claro como nombre pero todavía pendiente la negociación de cómo se integra el espacio. Y la tercera vía, si finalmente existe, tendrá que demostrar en 2027 que el 5,25% de 2025 fue el piso, no el techo.

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