
La apuesta de Horacio RodrĂguez Larreta para 2027 no pasa por seducir mayorĂas ni por ganar la primera vuelta. Pasa por algo mĂĄs simple y mĂĄs crudo: entrar al balotaje. En esa lĂłgica, hay un nombre que se vuelve central y decisivo: Juan Manuel Olmos.
Larreta parte de una hipĂłtesis conocida en la Ciudad: si logra polarizar en segunda vuelta contra La Libertad Avanza, tiene chances reales de ganar. El balotaje, cree, ordena al electorado porteño, modera extremos y reactiva el voto pragmĂĄtico, ese que prefiere gestiĂłn conocida antes que salto al vacĂo.
Pero para que ese escenario exista, el mayor riesgo no es perder contra LLA. El riesgo es quedar tercero. Y ahà entra Olmos. Como principal armador del peronismo porteño, su rol es clave: definir qué tipo de candidato pone el PJ en la Ciudad. Si hay un entendimiento con Larreta, el peronismo deberå competir, pero sin candidato fuerte. No puede poner alguien con volumen electoral, épica o capacidad real de meterse en el balotaje.
La tarea de Olmos, en ese caso, serĂa quirĂșrgica: buscar un candidato malo, administrable, sin sorpresa ni proyecciĂłn. Alguien que sume votos, sostenga estructura y preserve poder interno, pero que no rompa la polarizaciĂłn LarretaâLLA. No es resignaciĂłn: es cĂĄlculo.
Para el peronismo porteño, la jugada tambiĂ©n tiene lĂłgica. Jugar a ganar la Ciudad hoy es casi una quimera. Jugar a ordenar, conservar mĂșsculo polĂtico y negociar futuro es negocio. Para Larreta, es la condiciĂłn de supervivencia electoral.
Nada estĂĄ firmado. Todo es teĂłrico. Pero en la mesa chica de la polĂtica porteña, el acuerdo no se escribe: se insinĂșa. Y si Larreta logra volver al balotaje en 2027, no serĂĄ solo por votos propios, sino por el trabajo silencioso del armador que decide quiĂ©n compite⊠y quiĂ©n no.