
Estados Unidos e Israel lanzaron este sábado 28 de febrero una ofensiva militar coordinada contra Irán, en una escalada que agrava de manera directa la crisis en Medio Oriente y abre un escenario de represalias regionales. La operación fue confirmada por medios internacionales y, según Reuters, había sido preparada durante meses.
Las explosiones se registraron en Teherán y en otros puntos del país. Associated Press informó que el ataque fue presentado por Washington y Tel Aviv como una acción orientada a golpear la capacidad militar iraní y frenar su programa nuclear, en una decisión que marca un salto de escala respecto de la tensión acumulada en las últimas semanas.
Tras la ofensiva, el presidente Donald Trump llamó públicamente a los iraníes a rebelarse contra el régimen, en una señal de que la operación no sólo tuvo un objetivo militar sino también un componente político. Al mismo tiempo, el gobierno iraní advirtió que responderá con firmeza ante cualquier agresión adicional.
La crisis ya tuvo una primera respuesta. Reuters reportó ataques iraníes con misiles y drones sobre distintos puntos de la región, mientras Israel dispuso medidas de emergencia internas, suspendió actividades escolares y restringió reuniones públicas ante el riesgo de nuevas represalias.
En paralelo, el impacto dejó de ser sólo militar. Reuters informó que Israel cerró temporalmente parte de sus campos de gas por razones de seguridad, una señal de que la escalada también empieza a trasladarse al plano energético y económico. A eso se suma la reacción diplomática: Rusia condenó el operativo y lo definió como un acto de agresión armada.
Con este movimiento, el conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos dejó de estar en el terreno de la amenaza y pasó a una instancia de confrontación abierta, con riesgo de expansión regional y consecuencias todavía difíciles de medir.