
Manuel Adorni venĂa de dos semanas en modo supervivencia. A las preguntas por sus viajes al exterior se sumaron las dudas sobre su situaciĂłn patrimonial, una conferencia de prensa ĂĄspera y la necesidad de dejar su renuncia âa disposiciĂłnâ del Presidente. En ese cuadro, la foto con Patricia Bullrich no fue un detalle de color: fue una señal polĂtica.
El dato fino es que el encuentro no ocurriĂł en un clima neutro. Fue el primero entre ambos despuĂ©s de charlas para despejar tensiones. En el entorno de Adorni habĂa malestar porque, cuando el video del viaje a Punta del Este y el resto de los cuestionamientos empezaron a dominar la agenda, interpretaron que Bullrich no lo habĂa sostenido con la firmeza que sĂ mostraron otros nombres del oficialismo. Por eso la imagen vale doble: no solo muestra coordinaciĂłn parlamentaria; muestra recomposiciĂłn.
La excusa formal fue la agenda legislativa. El mensaje pĂșblico de Adorni tambiĂ©n fue por ahĂ: reuniĂłn con Bullrich, conversaciĂłn sobre lo que viene en el Congreso y elogio explĂcito. Pero en polĂtica el contexto manda. Y el contexto dice que el oficialismo necesitaba correrlo un poco del lugar del funcionario acorralado y volver a ubicarlo en una mesa de poder. Bullrich, que conserva densidad polĂtica propia y una centralidad que no depende de una conferencia de prensa, le prestĂł justamente eso: espesor.
No significa que la crisis haya pasado. Significa otra cosa: que cuando el vocero quedó golpeado, una de las figuras con mås peso del oficialismo aceptó mostrarse con él. En la Rosada saben que a veces una interna no se desactiva con un comunicado, sino con una foto bien ubicada.Cierre:
Adorni necesitaba aire. Bullrich le prestĂł algo mĂĄs valioso: blindaje.