
Roberto Baradel no buscará la reelección en SUTEBA y cerrará un ciclo de casi dos décadas al frente del gremio docente bonaerense. La elección interna ya estaba convocada para el 13 de mayo de 2026, y el dato político del día es que el dirigente decidió no pelear otro mandato en el sindicato que conduce desde 2009.
La novedad tiene peso propio porque Baradel no es un dirigente más. Durante años fue una de las caras más visibles del sindicalismo docente en la provincia de Buenos Aires: paritarias calientes, paros, marchas, choques con gobernadores y una centralidad mediática que lo convirtió en símbolo para unos y en villano favorito para otros. Ahora da un paso al costado en SUTEBA, pero no exactamente hacia su casa.

La jugada, en realidad, parece bastante más quirúrgica que sentimental. Baradel sigue siendo secretario general adjunto de CTERA y también ocupa la Secretaría de Relaciones Internacionales de la CTA de los Trabajadores. Es decir: deja la botonera bonaerense, pero busca seguir sentado en la mesa grande del sindicalismo nacional. En criollo, no cuelga el guardapolvo; cambia de oficina.
El trasfondo también importa. SUTEBA venía de participar del primer paro docente contra Axel Kicillof en este nuevo ciclo de tensión salarial, así que la salida de Baradel no ocurre en un clima de paz budista, sino en medio de una etapa donde el conflicto educativo volvió a asomar. Por eso, más que retiro, lo que se ve es una sucesión ordenada para preservar estructura y evitar que el gremio entre en una interna desprolija.
En política sindical argentina, irse del cargo no siempre significa irse del poder. A veces significa subir un piso, hablar menos en nombre propio y seguir pesando igual. Baradel parece haber elegido exactamente eso: correrse del mostrador, pero no del mapa. El sillón bonaerense cambia de dueño; la lapicera, al menos por ahora, todavía no tanto.