Mientras buena parte del empresariado argentino todavía intenta descifrar cuál será el negocio de los próximos años, José Luis Manzano y Daniel Vila parecen haber tomado una decisión hace tiempo: energía.
La compra del 70% de Metrogas por parte de Edenor, por US$780 millones, es el último movimiento de una expansión que empieza a cambiar el mapa empresario argentino. Metrogas abastece a unos 2,5 millones de usuarios y concentra más de una cuarta parte de la distribución de gas del país. Edenor, controlada por el grupo que integran Manzano, Vila y Mauricio Filiberti, ya distribuye electricidad a 3,4 millones de clientes.
Pero mirar solamente Metrogas deja afuera la película.
Dos meses antes, Manzano había avanzado junto a la suiza Mercuria sobre los activos argentinos de Raízen: alrededor de 900 estaciones de servicio Shell, la refinería de Dock Sud y una importante estructura logística. Una operación valuada en unos US$1.420 millones.
En pocos años el grupo pasó de tener una posición fuerte en medios y negocios regulados a ocupar lugares centrales en distintos puntos del sistema energético. Ya no se trata solamente de Edenor: electricidad, gas, refinación, combustibles y estaciones de servicio empiezan a quedar conectados alrededor de un mismo núcleo empresario.
Y el momento no parece casual.
La energía es uno de los sectores con mejores perspectivas de la economía argentina. Para 2026 se proyecta una producción petrolera récord, impulsada fundamentalmente por Vaca Muerta, mientras estimaciones privadas calculan que el superávit energético podría alcanzar los US$13.600 millones este año.
Ahí está probablemente la clave de los movimientos de Manzano.
Mientras YPF vende activos para concentrar capital en Vaca Muerta, otros jugadores se posicionan alrededor de esa expansión: transporte, refinación, comercialización y distribución. Manzano y sus socios parecen estar armando justamente eso: infraestructura y llegada al consumidor alrededor de una industria que produce cada vez más.
También hay política.
La energía es un mercado privado, pero profundamente atravesado por decisiones públicas. Tarifas, concesiones, regulaciones y autorizaciones determinan buena parte del valor de las compañías. Metrogas, por ejemplo, tiene por delante una revisión tarifaria quinquenal y la perspectiva de extender su licencia hasta 2047. La operación todavía requiere aprobación regulatoria.
Manzano conoce ese terreno como pocos. Fue ministro del Interior de Carlos Menem, después construyó junto a Vila uno de los principales grupos de medios del país y durante décadas mantuvo vínculos con distintos sectores de la política argentina.
Ahora parece estar jugando otra liga.
Porque detrás de los US$780 millones de Metrogas hay una discusión bastante más grande: quiénes van a controlar los negocios que rodean a la nueva potencia energética argentina.
Vila y Manzano ya pusieron sus fichas.