CASO ÚNICO: MILEI NECESITA A CRISTINA Y A MACRI, LOS DOS EXPRESIDENTES, PARA REELEGIR EN 2027

Hay un dato que la política argentina no había visto nunca y que empieza a ordenar toda la lectura de 2027: por primera vez, un presidente en ejercicio necesita —para reelegir— que jueguen a su favor los dos expresidentes que todavía conducen a la oposición. Javier Milei depende de Cristina Fernández de Kirchner y de Mauricio Macri. No de que lo enfrenten: de que hagan, cada uno, exactamente lo que están haciendo.

1 de agosto de 2026 — La Rosca Digital

Cristina, limando por abajo a Axel Kicillof. Macri, negociando en lugar de romper. Cada uno por su propio interés, los dos extremos del tablero terminan despejándole el camino al Presidente. No es una casualidad ni una conspiración. Es aritmética de rosca.

Cristina, la jugada que congela a Axel

La reaparición de la expresidenta con una ofensiva internacional —la presentación ante organismos de derechos humanos para revisar la condena en la causa Vialidad y perforar la inhabilitación— tiene una lectura obvia y una lectura fina. La obvia: internacionalizar la denuncia de “proscripción”. La fina, la que se decodifica en la Gobernación bonaerense: es un nuevo movimiento para limar la candidatura presidencial en construcción de Kicillof.

Al recentrarse en la escena, Cristina vuelve a fijar que la única representante del espacio es ella. Y como no puede diferenciarse de Kicillof por gestión —fue su ministro de Economía—, corre el eje hacia un terreno donde el gobernador no puede seguirla. En el kirchnerismo duro trabajan para apalancar figuras de la tropa propia, con Máximo Kirchner a la cabeza, y retacearle volumen al mandatario provincial. Cerca de Kicillof lo leen sin eufemismos: es un capítulo más de una guerra interna que atraviesa al PJ y que, hasta ahora, no encontró la foto de unidad ni en el homenaje a Evita en Moreno ni en los actos partidarios.

El problema para el peronismo es que esa disputa tiene un costo estructural. Mientras la conducción se pelea por el lugar que debe ocupar Cristina, nadie discute el proyecto que sostenga las ambiciones de 2027. Tanto, que mientras arriba se define el liderazgo, en el segundo escalón la sucesión de Kicillof en la provincia ya empezó a moverse. Y el gobernador, aun cuando intenta construir un armado con autonomía, carga con un techo: la opinión pública moderada no logra escindir su figura de la de la expresidenta.

El cálculo de la Casa Rosada

Acá aparece el interés de Milei, y no está oculto para nadie que sepa leer. En Balcarce 50 dibujan un mapa partido en tercios: uno propio, que retiene incluso a votantes que no lo quieren pero no piensan resignar el esfuerzo hecho; un tercio opositor duro que concentra Kicillof; y un tercio flotante, de centro, que es donde se define todo.

La conclusión que se maneja en el oficialismo es contundente: el mejor rival posible para un eventual balotaje es Kicillof. Por su mala llegada a los gobernadores y su altísima asociación con Cristina, el gobernador sería el contrincante más accesible, el que permite reactivar la narrativa más eficaz del oficialismo —”la alternativa es volver al pasado”—. Por eso, en el Gobierno la tentación no es enfrentar al peronismo: es elegir contra quién enfrentarlo.

Y el que les preocupa de verdad tiene otro apellido: Sergio Massa. En la Casa Rosada evaluarían que la figura realmente peligrosa para una segunda vuelta es la que conserva diálogo fluido con la mayoría de los gobernadores y capacidad de perforar el voto flotante sin arrastrar la marca del camporismo. A ese dirigente la instrucción sería ignorarlo, invisibilizarlo, no regalarle centralidad. Porque el negocio perfecto para el oficialismo es subir a Kicillof al ring y dejar afuera cualquier tercera vía. Y ahí es donde Cristina, sin proponérselo, hace parte del trabajo: al limar a Axel y recentrarse ella —una candidata inhabilitada—, mantiene a la oposición atrapada en la polarización que le cierra el paso al centro y que mejor le rinde a Milei.

Macri: retener CABA y su tropa propia

El otro extremo del tablero es el PRO. Y ahí la lógica es inversa pero el resultado converge. Macri no piensa romper con Milei: ese debate quedó atrás. La discusión, puertas adentro de Uspallata, es cuánto poder propio conservar antes de sentarse a negociar el armado de 2027.

El objetivo prioritario del expresidente es retener la Ciudad, el último bastión, e incrementar su presencia en el Congreso. Por eso deslizó su carta más provocadora: armar un bloque propio de 30 diputados que le permita negociar desde la fuerza y no desde la súplica. El documento crítico de la Fundación Pensar, que marcó distancia con la segunda etapa del Gobierno, no fue un gesto de ruptura: fue una jugada para levantar el precio antes de acordar.

En el macrismo consideran que un entendimiento entre La Libertad Avanza y el PRO en CABA sería la pieza clave para evitar una competencia directa en 2027. Los libertarios, mientras tanto, dejan medir fórmulas propias para la Ciudad y avisan que solo negociarían si el interlocutor es Mauricio, no Jorge. Traducido: cada uno tensa la cuerda, pero ninguno la corta. Y un PRO que negocia CABA y aporta gobernabilidad legislativa es un PRO que renuncia, de hecho, a ofrecer una alternativa competitiva de centroderecha. Otro rival de peso que se despeja del camino presidencial.

La síntesis incómoda

Puesto en la mesa, el cuadro es el que abre esta nota: los dos polos del sistema, por motivos opuestos, le rinden a Milei. Cristina prefiere un peronismo que ella controla —aunque no pueda competir— antes que entregarle la conducción a Kicillof, y en el camino desactiva al único rival opositor que podía crecer. Macri prefiere negociar CABA y sus diputados antes que jugar a todo o nada, y en el camino desactiva la competencia por derecha.

La rosca, sin embargo, enseña que ninguna partida está cerrada. El fantasma que desvela al oficialismo sigue siendo el balotaje: si el descontento con el ajuste encuentra una figura capaz de canalizarlo por fuera del kirchnerismo duro, la sumatoria de rechazos puede volver hipercompetitiva a la oposición, como en aquel 2003 que todos recuerdan. Milei tiene la estrella, dicen sus aliados. Pero la estrella, en Argentina, se apaga rápido cuando la economía aprieta.

Por ahora, la hipótesis se sostiene. Y tiene una ironía difícil de digerir para propios y ajenos: en 2027, las dos llaves del Presidente podrían estar en manos de quienes más juraron sacarlo.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio