Javier Milei se prepara para poner cara y micrófono a una de las principales apuestas económicas de su segundo semestre. Según fuentes oficiales, el Presidente presentará por cadena nacional el proyecto de modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, en un mensaje grabado desde el Salón Blanco de la Casa Rosada acompañado por todo el equipo económico. El día tentativo es el jueves, “si la agenda lo permite” —aunque en los despachos oficiales el formato todavía oscila entre la cadena y una conferencia de prensa—.
La puesta en escena no es un detalle menor: es el mensaje. El mandatario que en campaña prometió cerrar el Banco Central “de manera innegociable” hoy se filma rodeado de su gabinete para explicar por qué, en lugar de cerrarlo, lo va a reformar. El gesto sintetiza el recorrido de dos años de gestión: de la promesa de dinamitar el organismo a la administración pragmática de esa misma estructura, ahora reconvertida en bandera.
De cerrar a reformar
El proyecto lo redactan tres nombres que conocen la silla del BCRA por dentro: el ministro de Economía, Luis Caputo; el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger; y el titular de la entidad, Santiago Bausili. La semana pasada, los tres acercaron el borrador a Olivos. El propio Milei subrayó el linaje técnico de la mesa al recordar que discutió la reforma con tres dirigentes que “ocuparon esa silla”. El texto, en el fondo, busca revertir la reforma de 2012 que impulsó la entonces titular del organismo, la kirchnerista Mercedes Marcó del Pont, y que —según la Casa Rosada— habilitó el financiamiento monetario del Estado.
La idea de fondo abandona la retórica del cierre y la reemplaza por dos ejes concretos. El primero: acotar al Banco Central a un mandato único, la preservación del valor de la moneda, eliminando las “múltiples misiones” que —según la Casa Rosada— lo convirtieron en una herramienta de financiamiento permanente del Estado. El segundo, y más filoso: la prohibición total y absoluta de financiar al fisco por emisión, directa o indirecta. Semanas atrás, al defender la iniciativa, Milei ya había advertido que un eventual incumplimiento debería terminar con el directorio del BCRA —y hasta con legisladores— tras las rejas.
Sobre el borrador que aún se pule circulan además dos ideas que le dan filo: la posibilidad de incorporar un mecanismo tipo “shutdown”, que restringiría el funcionamiento del Estado ante el agotamiento de las partidas presupuestarias, y un pedido —surgido de los propios legisladores libertarios— de blindar al INDEC para evitar futuras “picardías” con los datos oficiales. Ninguna de las dos está confirmada en la versión final.
La rosca detrás del anuncio
Acá es donde la puesta en escena institucional se vuelve operativo político. La reforma no es solo un texto de técnica monetaria: es la primera gran ficha del tablero preelectoral. El oficialismo ya convocó en dos oportunidades a los legisladores de La Libertad Avanza para despejar dudas, y la mesa política —con Karina Milei, el jefe de Gabinete Diego Santilli y Caputo— la puso en el centro de la hoja de ruta.
La lectura interna quedó resumida en una frase que un integrante de esa mesa deslizó sin eufemismos: “Para Milei son más importantes las reformas económicas que los acuerdos políticos”. Traducido: el Presidente prefiere clavar la bandera antiinflacionaria antes que negociar consensos amplios, apostando a que el ancla monetaria le rinda en las urnas más que cualquier foto con la oposición dialoguista.
El proyecto girará a la Cámara de Diputados en cuanto termine el receso invernal, la semana próxima. Y su suerte quedará atada a la trama que Santilli teje con los gobernadores: cada avance de la reforma se negocia contra las mesas provinciales que la Casa Rosada abrió para el tramo preelectoral. La independencia del Banco Central, en los papeles; la dependencia de la rosca federal, en los hechos.
2027, el verdadero destinatario
Nadie en el oficialismo esconde el trasfondo. Con el ajuste fiscal ya ejecutado y la motosierra desgastada como relato, la reforma de la Carta Orgánica funciona como el nuevo símbolo de la etapa: la prueba de que la baja de la inflación no fue coyuntura sino arquitectura. La cadena nacional del jueves es, en esa clave, el primer spot de la campaña por la reelección.
Milei elige el canal más presidencial que existe para blindar la conquista que considera irreversible. La pregunta que sobrevuela la rosca es si el Congreso —fragmentado, en año electoral y con gobernadores que cobran cada voto— le dará la letra que el Salón Blanco ya tiene grabada.