Las grandes campañas políticas rara vez comienzan con un acto de lanzamiento. Antes aparecen los gestos, los movimientos silenciosos y las señales que, vistas en conjunto, terminan construyendo una candidatura.
Gabriel Katopodis parece estar transitando ese camino.
En San Martín, vecinos y dirigentes comentan desde hace semanas que el ministro de Infraestructura bonaerense incorporó una rutina de entrenamiento que incluye natación y básquet, con el objetivo de mejorar su condición física y sostener el ritmo de una agenda cada vez más intensa. No existe una confirmación oficial sobre ese cambio de hábitos, pero el comentario se expandió rápidamente y comenzó a ser leído en clave política.
Porque el contexto cambió.
Axel Kicillof atraviesa su segundo mandato y la Constitución bonaerense le impide competir nuevamente por la Gobernación. Mientras fortalece el Movimiento Derecho al Futuro y proyecta un eventual salto a la política nacional, dentro del oficialismo ya comenzó la discusión sobre quién será el encargado de continuar su proyecto en la provincia.
En esa conversación, Katopodis dejó de ser solamente el ministro de la obra pública.

Desde que asumió la cartera de Infraestructura en 2023, recorrió prácticamente toda la provincia inaugurando obras, firmando convenios y construyendo una red de vínculos con intendentes oficialistas y opositores. Esa presencia territorial constante le permitió instalar un perfil que combina gestión con construcción política, una ventaja que pocos dirigentes del peronismo bonaerense poseen hoy.
En las últimas semanas, además, el gobernador empezó a mostrarse públicamente junto a quienes aparecen como posibles herederos de su espacio. Las fotografías con Katopodis en Avellaneda, junto a Jorge Ferraresi, y los actos posteriores con Julio Alak y Carlos Bianco fueron interpretados como parte de un proceso de instalación de los dirigentes que competirán por representar al Movimiento Derecho al Futuro en 2027.
Dentro del oficialismo nadie habla todavía de un candidato definido. La estrategia de Kicillof apunta primero a consolidar una competencia ordenada dentro de su propio espacio y recién después negociar con el resto del peronismo. Sin embargo, en ese esquema, Katopodis aparece como uno de los dirigentes que llega con mayor recorrido previo.
Su fortaleza no pasa únicamente por la obra pública. También logró convertirse en una de las voces políticas más activas del gabinete provincial frente al gobierno nacional, defendiendo el financiamiento de infraestructura, cuestionando la paralización de proyectos y disputando el debate sobre el modelo de desarrollo para la provincia.
En ese escenario, hasta un entrenamiento físico adquiere otra dimensión.
Quienes aspiran a conducir el distrito electoral más importante del país saben que una campaña bonaerense exige recorrer cientos de municipios, sostener agendas de varias actividades por día y atravesar meses de exposición permanente. La preparación deja de ser exclusivamente una cuestión personal para transformarse, también, en una herramienta política.
La imagen inevitable recuerda a Rocky: antes de la pelea no hay ring, ni luces, ni cámaras. Hay disciplina, esfuerzo cotidiano y preparación silenciosa.
Todavía falta para las definiciones. Jorge Ferraresi, Julio Alak, Mariel Fernández, Leonardo Nardini y otros dirigentes también comenzaron a caminar la provincia con aspiraciones propias. La disputa recién empieza y el peronismo deberá resolver quién sintetiza mejor la continuidad del ciclo de Kicillof.
Pero hay algo que ya parece claro: la pelea por la Gobernación de Buenos Aires en 2027 comenzó mucho antes del calendario electoral. Y Gabriel Katopodis decidió entrenarse desde ahora para llegar en forma cuando finalmente suene la campana.