Diego Santilli —”El Colo” para los que lo conocen, “el amarillo” para los que lo miran con desconfianza desde La Libertad Avanza— lleva meses construyendo lo que en la política argentina se llama un “relato de candidato” sin animarse todavía a convertirlo en una candidatura. Gira por provincias, aparece en actos de Karina Milei, se reúne con intendentes en la sede del PRO y cada tanto le tira un guiño al periodismo. El mensaje es claro: está disponible. El problema es que nadie con poder real todavía se lo pidió.

Ritondo lo postula cada vez que tiene un micrófono cerca. “Es el indicado, tiene trayectoria, es el mejor”, repite con una insistencia que empieza a sonar más a súplica que a imposición. Y ahí está el primer problema de Santilli: su candidatura depende demasiado de la voluntad de otros.

Santilli tiene credenciales reales: dos victorias legislativas consecutivas en la provincia. Sabe negociar, contener y tejer. Esa muñeca política es su mayor activo. Pero una cosa es ser buen armador y otra muy distinta es que te armen a vos.
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Un comentario en "Santilli quiere la gobernación, pero la rosca no le cierra"