
El caso $LIBRA escaló. Un pedido de indagatoria alcanzó al propio Milei, a Manuel Adorni y otros involucrados, con la acusación de haber usado el sello institucional del Gobierno para darle credibilidad a un esquema que terminó afectando a miles de ahorristas. Al mismo tiempo, Adorni llegó a los números que ningún vocero quiere ver: 66% de imagen negativa, 21,5% de positiva y un 70% de consultados exigiendo su renuncia, según una encuesta de Zuban Córdoba difundida por La Nación. No es turbulencia. Es una herida política con nombre propio.
El daño no es solo judicial ni mediático. Es de clima, que en política es lo más difícil de recuperar. La economía ya venía erosionando al Gobierno con la persistencia sorda de los precios y el salario; pero Adorni y $LIBRA le agregaron algo cualitativamente distinto: sospecha, desgaste moral y fractura del relato. El mileísmo había edificado buena parte de su identidad sobre la idea de pureza frente a “la casta”. Cuando esa pureza se agrieta —aunque sea en la percepción, aunque sea parcialmente— el edificio entero tiembla. Porque la épica no admite medias tintas.
Y cuando el poder deja de parecer perfecto, se abre una ventana. No una puerta. No un derrumbe. Una ventana. Chiquita, apenas corrida. Pero suficiente.
Suficiente para que en el PRO, en sectores empresarios y en buena parte del antikirchnerismo no libertario empiece a circular una conversación que hace seis meses parecía archivada: si hay una hendija, Mauricio Macri la va a encontrar. Porque Macri puede estar lejos del centro del escenario, pero no perdió el instinto. Y quienes lo conocen saben que nunca subestimó una oportunidad de poder, por mínima que parezca.
Los movimientos de estos días confirman esa lectura. Este 9 de abril, Infobae reportó que Macri inicia una gira por Chaco y Corrientes para reconstruir el PRO, con reuniones previstas con Leandro Zdero y los Valdés, más una cena de Fundación Pensar con María Eugenia Vidal como figura del armado. No es una candidatura lanzada. Tampoco es una excursión nostálgica de ex presidente. Es una señal de reorganización: mostrar volumen, vínculos territoriales y voluntad de volver a ordenar un espacio que hoy observa la actualidad del Gobierno con creciente inquietud.
Ese operativo tiene piezas concretas. La Nación viene mostrando que el macrismo que busca reanimarse hacia 2027 incluye a Vidal, Ignacio Torres, Rogelio Frigerio, Jorge Macri, Fernando de Andreis y figuras de recambio como Martín Yeza. No todos empujan una candidatura presidencial de Mauricio. Pero sí forman parte de una red que vuelve a activarse alrededor de su liderazgo. Macri no está solo, ni retirado, ni definitivamente archivado. Tiene estructura, terminales y conversación.
La apuesta no nace del deseo de que todo colapse. Nace de un cálculo más frío: si Milei se desgasta por errores propios —y $LIBRA es un error propio—, todavía puede existir una alternativa de centro y derecha con más oficio, más sistema y más capacidad real de gobierno. Ahí es donde la figura de Macri vuelve a cotizar. No como novedad ni como outsider —ese lugar ya está ocupado y disputado—, sino exactamente al revés: como alguien que ya conoce el Estado, los códigos del poder económico, la lógica parlamentaria y la arquitectura real de la toma de decisiones. En tiempos de improvisación y ruido, esa experiencia empieza a leerse, paradójicamente, como un activo.
Falta mucho para 2027. Milei conserva núcleo duro y capacidad de reacción. La economía puede sorprender. Nada está escrito. Pero la política ya registró un movimiento que hace poco parecía improbable: Macri volvió a ser imaginable. Y eso —solo eso, por ahora— para un ex presidente al que muchos daban amortizado, ya es bastante.
Adorni y $LIBRA no voltearon al mileísmo. Pero corrieron la ventana un centímetro. Y cuando eso pasa, Macri siempre calcula si todavía entra.