
El programa de Javier Milei ya no se discute solo en términos macro: empezó a sentirse con fuerza en las cajas provinciales y municipales. El primer trimestre de 2026 dejó una señal clara: las transferencias totales cayeron 8,3% en términos reales, lo que equivale a una pérdida de $1,56 billones a precios de marzo. No es un bache coyuntural: la recaudación lleva ocho meses consecutivos de caída real, marcando un deterioro sostenido de la actividad.
El mecanismo es directo. Menos consumo impacta en el IVA, que registró una caída real cercana al 10% en el trimestre. A la vez, el enfriamiento del empleo formal se traduce en una baja del 3,9% real en los aportes y contribuciones a la seguridad social. Ese doble golpe alimenta un círculo que se retroalimenta: cae la actividad, cae la recaudación y vuelve a caer la actividad. La coparticipación neta —sin leyes especiales ni compensaciones— profundiza el cuadro con una baja del 7,4% real.
El impacto no es homogéneo, pero sí generalizado: todas las provincias están en terreno negativo. La Ciudad de Buenos Aires encabeza las caídas con -8,1%, seguida por Córdoba (-7,5%) y Santa Fe (-7,4%). Sin embargo, el eslabón más débil no son las provincias sino los municipios. Ahí el ajuste pega sin amortiguadores: menos transferencias y menos recaudación propia al mismo tiempo. En Entre Ríos, por ejemplo, los municipios recibieron 27% menos en términos reales en el trimestre, con un desplome del 30% solo en marzo.
En perspectiva histórica, el dato es todavía más fuerte. El primer trimestre de 2026 se ubica entre los peores de los últimos años, incluso comparado con períodos críticos. En términos de coparticipación neta, queda en la mitad inferior de las últimas casi dos décadas, lo que dimensiona la magnitud del ajuste en curso.
Desde el Ministerio de Economía, la respuesta fue apuntar a los intendentes por el peso de las tasas locales en los precios. El argumento tiene algo de sustento, pero funciona más como desvío que como explicación central. Los municipios no determinan el nivel de actividad ni los impuestos nacionales: administran lo que reciben. Y hoy lo que reciben es cada vez menos. La ecuación se vuelve una pinza: cae la coparticipación y cae la recaudación propia al mismo tiempo. El ajuste por gasto, en ese contexto, tiene consecuencias directas.
Porque el ajuste ya no es una planilla. Es el intendente que no llega al aguinaldo, la obra pública que se frena, los proveedores que empiezan a cobrar más tarde. En el NEA, la inversión pública está en niveles mínimos y el margen para recortar es prácticamente nulo y ya estan pensando en su propia cuasi. Todo el esquema descansa en una recuperación del consumo que, por ahora, no aparece en los datos. Si el segundo trimestre no muestra un rebote, el conflicto entre Nación y territorio va a dejar de ser técnico para convertirse en político.