
Hoy es el Día de los Enamorados: se celebra cada 14 de febrero y gira alrededor del amor y la afectividad.
Pero acá las fechas no vienen limpias. El 14/2 también te sienta al lado del archivo: amor romántico arriba, memoria política abajo.
Los 90 fueron un flechazo para muchos: orden, consumo, sensación de “normalidad”. La promesa tenía ancla legal: la Ley 23.928 declaró la convertibilidad a partir del 1 de abril de 1991.
Y como en toda relación intensa, después llegó lo inevitable: la discusión por la letra chica, el costo, la culpa, la nostalgia. Porque la política —como el amor— no es un concepto: es vínculo. Se sostiene con expectativa… y se rompe cuando la realidad deja de coincidir con la fantasía.
Menem no volvió solo como recuerdo: volvió como disputa de sentido. En 2024, el Gobierno colocó su busto en el Hall de Honor de Casa Rosada, reabriendo el debate sobre qué pasado se homenajea y por qué.
La Argentina no se enamora: se entusiasma, firma… y después renegocia.
¿Menem fue un amor de época o una relación que todavía condiciona cómo soñamos la estabilidad?