Una noche en el Congreso

El Presupuesto se cayĂł y el Senado es un ring: Menem y Lule expuestos, Bullrich y Adorni jugando su propia partida. Todos quieren el premio de Milei, pero ganar sale carĂ­simo.

La escena es clara: todos quieren ganar el premio, pero el costo es altĂ­simo. El oficialismo llega al Senado con una mochila pesada. El tratamiento de la ley de Presupuesto fue un fracaso polĂ­tico: no ordenĂł, no cerrĂł y dejĂł como saldo el dĂ©ficit mĂĄs alto de la historia reciente, ademĂĄs de una nueva ruptura —otra mĂĄs— con el PRO. Ahora prometen “corregirla” en el Senado, pero esa pelea serĂĄ larga, ĂĄspera y carĂ­sima en tĂ©rminos polĂ­ticos. Y aun si saliera, el desenlace es conocido: el Presidente la vetarĂ­a.

En ese camino quedaron expuestos Lule y MartĂ­n Menem. No pueden soportar muchos golpes mĂĄs. Pasaron del frenesĂ­ de victoria al fracaso en cuestiĂłn de horas, ignorando una regla bĂĄsica de la polĂ­tica parlamentaria: nunca confĂ­es en tus enemigos. El desorden en Diputados no fue casual, fue conducciĂłn fallida. Y en un gobierno sin red, los errores se pagan rĂĄpido.

Por otro lado, Patricia Bullrich juega otra partida. Busca ser premiada evitando esa sangrĂ­a y ofreciendo resultados concretos. Su primera ficha fue clara: mostrar un dictamen para la reforma laboral y ordenar el Senado. El objetivo ideal es doble: encaminar el Presupuesto y llegar a febrero con cambios en la legislaciĂłn laboral. GestiĂłn pura, riesgo total y ejecuciĂłn difĂ­cil.

Mientras tanto, Adorni puso a trabajar a Devitt, su flamante secretario de Asuntos Estratégicos, para cerrar consensos que otros todavía no pudieron ni empezar. Todos levantan la cabeza, todos se disputan el premio. Un deporte de alto riesgo: ganar puede costar la propia cabeza. El logro es del León. El jefe no perdona.

Los Milei son la casa. Y la casa, siempre gana.

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