UCR: el “pibe intendente” se quedó con el Comité

La UCR cambió de jefe: un intendente joven se quedó con el Comité y los gobernadores volvieron a agarrar la lapicera.

La UCR eligió a Leonel Chiarella (36), intendente de Venado Tuerto, como nuevo presidente del Comité Nacional. Detrás del recambio aparece una señal política: los gobernadores y el “radicalismo de gestión” volvieron a ordenar la lapicera, mientras una parte del partido quedó corrido de la mesa.

Lo esencial en 6 líneas

  • Nuevo presidente UCR: Leonel Chiarella, 36 años, intendente de Venado Tuerto.
  • Votación: ganó con 81 votos en el Plenario de Delegados (en algunas crónicas circuló una cifra levemente distinta, pero el resultado fue claro).
  • Sale Lousteau: termina el ciclo de Martín Lousteau al frente del partido.
  • Empuje político: el armado de Provincias Unidas (con Maximiliano Pullaro como impulsor central).
  • Tensión interna: Alfredo Cornejo se desmarcó y su sector no quedó integrado a la conducción.
  • Desafío: definir rumbo nacional y estrategia frente al oficialismo libertario rumbo a 2026–2027.

Qué pasó: cambio de mando con olor a interior

La Unión Cívica Radical cerró una renovación que, por su forma y por sus protagonistas, dice más que un simple “cambio de nombres”. El partido eligió a Chiarella como presidente del Comité Nacional: un intendente joven, con instalación local y perfil de gestión, que llega apadrinado por el bloque de gobernadores radicales que hace tiempo busca volver a mandar en la conversación interna.

En síntesis: la UCR eligió un conductor “de territorio” en un momento en que el partido tiene poder real en provincias y municipios, pero pelea por una identidad nacional consistente.


Quién es Chiarella y por qué lo eligieron

Chiarella gobierna Venado Tuerto desde 2019 y construyó su perfil desde la lógica de los intendentes: administración, resultados visibles, cercanía. Ese currículum vale doble hoy porque el radicalismo viene discutiendo lo mismo hace años:

cómo combinar gestión y política nacional sin quedar atrapado en la grieta.

Además, su edad funciona como símbolo: la UCR buscó señal de recambio sin rifar “músculo” territorial. Un nombre nuevo, pero con firma de gobernadores.


La rosca detrás: Provincias Unidas ordenó la votación

Nada de esto sale de un repollo. El movimiento tuvo dirección: Provincias Unidas (el esquema de radicalismo federal que empujan varios gobernadores) jugó fuerte para que la conducción del partido se “desporteñice” y vuelva a expresarse desde el interior.

En esa lectura, la elección de Chiarella también fue una forma de decir:

“El partido no se maneja solo desde el Congreso o la Capital; se maneja desde donde se gobierna.”


El dato incómodo: unidad no es lo mismo que unanimidad

Si alguien esperaba una foto de “todos adentro”, no la hubo. El sector de Alfredo Cornejo marcó distancia y quedó afuera del armado de conducción. Eso revela dos cosas:

  1. La interna sigue abierta (aunque haya presidente nuevo).
  2. La discusión no es personal: es estratégica.

Porque la pregunta que divide a la UCR hoy no es “quién”: es “para qué”.


El trasfondo real: qué hace la UCR frente a Milei

La UCR tiene un problema clásico de partido con historia: puede ser muchas cosas al mismo tiempo, pero esa elasticidad se paga caro cuando llega la hora de elegir un lugar en el tablero.

En el corto plazo, la conducción de Chiarella va a tener que ordenar una respuesta a tres tensiones:

1) Gobernabilidad vs. oposición

Hay radicales que creen que el rol es aportar estabilidad y negociar reformas caso por caso. Otros piensan que eso te convierte en “socio menor” de un oficialismo que no comparte tu ADN.

2) Identidad vs. pragmatismo

El radicalismo suele vender “institucionalidad” y “república”. La pregunta es cómo sostener esa bandera sin quedar como comentarista moral mientras otros reparten poder real.

3) Proyecto 2027 vs. supervivencia 2026

Sin una hoja de ruta electoral, la UCR corre riesgo de funcionar como “federación de provincias” (cada uno por su lado). Con una hoja de ruta mal hecha, corre el riesgo de implosionar.


La nueva mesa: equilibrio para que nadie rompa todo

La conducción que acompaña a Chiarella busca mostrar amplitud y representación territorial. La lógica es simple: si el partido no está unido por convicción, al menos que esté unido por acuerdo operativo.

Ese armado, igual, no resuelve el dilema de fondo: una mesa puede contener, pero no reemplaza una estrategia.


Qué viene ahora: 3 desafíos inmediatos

1) Coser la interna sin anestesia

El primer test es interno: sostener un partido que salió de una elección con ganadores claros… y heridos que siguen teniendo poder.

2) Definir postura nacional (sin frases vacías)

Decir “acompañamos lo que está bien” no es una estrategia. La UCR necesita un criterio político estable para no oscilar semana a semana.

3) Convertir “territorio” en proyecto

La apuesta de los gobernadores es clara: que la UCR deje de ser solo “estructura” y vuelva a ser propuesta. Eso implica liderazgo, narrativa y, eventualmente, candidaturas competitivas.


La UCR eligió un presidente que funciona como mensaje: gestión, interior y recambio. Pero la política no se mide por la foto del plenario: se mide por lo que pasa después. Si Chiarella logra ordenar el rumbo, la UCR puede volver a jugar en serio. Si no, será otro capítulo de un partido con poder territorial… y sin brújula nacional.

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