
No es una frase de pasarela ni un slogan publicitario. Es una confesión social que se repite cada vez con menos pudor: mi ropa no habla español. O, dicho de otra manera, Toto Style: compro afuera, comparo precios y no me siento culpable.
Durante años, vestirse en la Argentina fue un acto de fe. Fe en la industria nacional, fe en que el precio tenía alguna explicación racional, fe en que “en algún momento” iba a mejorar. Ese momento nunca llegó. Los precios sí.
Hoy una campera vale lo mismo que un pasaje. Un jean compite con una cuota del alquiler. Y la etiqueta local dejó de ser orgullo para convertirse en advertencia. Frente a eso, el consumidor no protesta: se va. Compra en Chile, en Miami, en Europa o en el free shop. Sin épica. Sin discurso. Con tarjeta.
Por eso la frase volvió a circular fuerte después de que Luis Caputo dijera sin vueltas que no compra ropa en la Argentina porque “es un robo”. No fue una anécdota personal. Fue una señal política y cultural. El funcionario dijo en voz alta lo que miles hacen en silencio.
Toto Style no es antipatria. Es anti-verso. No discute modelos productivos ni matrices industriales: discute el ticket. Y cuando el ticket no cierra, no hay relato que alcance.
La ropa ya eligió.
No espera planes, no escucha cámaras empresarias, no cree en excusas.
Vota con el bolso. Y vota en dólares.
El problema no es que la ropa no hable español.
El problema es que los precios dejaron de hablarle a la gente.