
Mientras la política bonaerense discute nombres en voz alta, Diego Santilli juega en silencio. No baja línea por redes, no se anota todavía en la grilla de candidatos, pero empieza a ordenar los recursos que importan. El movimiento sobre organismos nacionales con despliegue territorial no es administrativo: es preparatorio.
El control de áreas clave —con llegada directa a cada municipio— le permite a Santilli algo más valioso que un sello partidario: mapa, datos y contactos. En política bonaerense, eso es oxígeno.
No se trata solo de gestión. Se trata de territorio.
Un tablero ya estudiado
Desde hace meses, el santillismo trabaja con un relevamiento fino:
qué dirigentes del PRO siguen activos en cada localidad,
cuáles migraron a LLA sin romper del todo,
quiénes vienen del macrismo, del larretismo o del peronismo republicano reciclado.
La consigna es simple: no discutir ideología, ordenar activos.
Intendentes, ex candidatos, concejales, armadores de segunda línea y técnicos con llegada local ya están en contacto permanente. No es un lanzamiento: es una preparación.
Cuando llegue el momento, el andamiaje ya va a estar armado.
Pareja observa, pero Santilli corre con ventaja
Sebastián Pareja no es ajeno a esta carrera. También quiere la Provincia y sigue de cerca cada movimiento. Sabe que el control territorial es la clave y que Buenos Aires no se gana solo con discurso libertario ni con marketing nacional.
Pero Santilli corre con algo que Pareja todavía no tiene:
historial bonaerense propio.
Fue ministro de Seguridad porteño con despliegue provincial,
candidato que caminó los 135 municipios,
referente conocido por intendentes y estructuras locales.
En la Provincia, la memoria importa. Y Santilli ya estuvo ahí.
La hipótesis 2027
La estrategia es clara:
construir una red híbrida PRO–LLA,
sin sellos forzados,
sin internas públicas,
con control de recursos y presencia territorial.
Cuando la discusión electoral se acelere, Santilli no va a preguntar quién quiere ser gobernador.
Va a mostrar quién ya está listo.
En Buenos Aires no gana el que grita primero.
Gana el que llega con la Provincia armada.
¿Vos a quién ves más cerca de ese objetivo?